Tomé el control total en nuestro aniversario: mi marido sucumbió a mis deseos

Cariño, este año yo reservé todo para nuestro aniversario. Diez años, ¿eh? Merecían algo especial. Le dije: ‘Cierra los ojos, confía en mí’. Le vendé los ojos con una bufanda negra, suave contra su piel. Lo metí en el coche, noche cerrada, el motor ronroneando bajo nosotros. Conduje despacio, haciendo vueltas para despistarlo. Sentía su mano apretando la mía, nervioso. ‘¿Dónde me llevas?’, murmuró. ‘Paciencia, mi amor. Vas a flipar’.

Llegamos al parking subterráneo, eco de neumáticos en cemento húmedo. Lo guio: ascensor zumbando, puerta chirriando, silencio espeso. Lo senté en una silla fría. ‘No te muevas, no quites la venda. Vuelvo ya’. Me cambié rápido: bata blanca de quiro, medio desabotonada, dejando ver mis curvas. Entré, papel en mano. ‘Ya puedes quitarla’. Sus ojos parpadearon, confundidos. Era el consultorio de mi amiga Sofía, la quiro. Él lo reconoció al instante, cara pálida. ‘¿Qué coño hacemos aquí?’. Yo, seria: ‘Señor, no me llame por mi nombre. Los hechos son graves. Mi colega dice que cada sesión te pones cachondo, con la polla tiesa. No estamos en Tailandia para finales felices’.

La sorpresa que lo dejó sin aliento

Se ruborizó, balbuceó: ‘Pero… Armelle…’. ‘¡Silencio! Pasa al salón, desnúdate como siempre’. Lo miré fijamente, mandona. Él obedeció, quitándose la ropa bajo mi escrutinio. Polla semi-dura ya, el cabrón. Estiré papel fresco en la camilla. ‘Túmbate, boca abajo’. Empecé el masaje, manos expertas de mis clases abandonadas de quiro. Aceite tibio resbalando por su espalda, oler a lavanda mezclado con su sudor. Me demoré en los riñones, tirando del elástico de su slip. ‘Quítatelo. Nada de pudor’. Lo arranqué yo, él levantó las caderas. Polla libre, tiesa como una barra.

Subí la camilla, me quité la bata. Desnuda total, piel erizada por la adrenalina. Monté a horcajadas sobre sus muslos. Manos en sus nalgas, separándolas. Dedo en su ano, masajeando lento. ‘Gime para mí’. Se arqueó, jadeando. ‘Date la vuelta’. Polla erguida, venosa, goteando pre-semen. ‘Mira lo que tienes. Querías que Sofía te la chupara, ¿verdad? Perverso’. Me incliné, lengua en el glande, salado. Lo engullí hasta la garganta, succionando fuerte. Él gruñó: ‘Joder…’. Pero paré, no iba a correrse aún.

El clímax donde yo mandaba

Rampeé arriba, coño húmedo rozando sus piernas. Froté mi raja contra su polla, lubricándola con mi jugo. ‘Ahora te follo yo’. Bajé despacio, tragándomela entera. Calor apretado, él llenándome. Ondulé caderas, adelante-atrás, polla atrapada en mi coño. Se corrían mis tetas pequeñas, firmes; él las amasó, pellizcó pezones. Yo me frotaba el clítoris, acelerando. ‘¡Más duro!’. Cambié a sentadilla, cuádriceps ardiendo, subiendo-bajando como una puta salvaje. Polla saliendo-entra, brillando de mis fluidos. Toqué su base, masajeé mis labios contra su pubis. ‘¡Me corro!’. Grité, contracciones ordeñándolo. Él eyaculó dentro, semen caliente salpicando al salir.

Me aparté, semen chorreando por mis muslos. Él jadeaba, exhausto. ‘¿Te gustó, eh? Yo controlo’. Sonreí, poderosa. ‘Esas pollas tiesas con Sofía… eran por sus cuentos libertinos. Su maridito me propuso intercambio. Y era verdad, lo hicieron una vez’. Lo miré: ‘Ella está sola, cachonda. Te la regalo’. Salí, volví con Sofía, bata suelta, tetas grandes asomando. ‘Os dejo. Disfrutad’. Cerré la puerta, escuchando gemidos. Yo mandé todo: él la folló duro, yo entre, besos, caricias. Trio perfecto, mi coño lamido por ella mientras él me penetraba. Eyaculé gritando, ellas también. Poder total, mi marido y mi amiga rendidos a mí. Ninguno olvida quién manda.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top