Cómo Tomé el Control en el Tren: Mi Polla Dura y Mi Coño al Mando

Me acuerdo como si fuera ayer… Ese julio de calor infernal en la estación. Yo, con mis veintitantos, vestida con un vestido ligero, ceñido en la cintura, escotado hasta el infinito delante y atrás. Piel bronceada al aire. Subí al tren Corail, me puse en el medio del vagón, banquetas frente a frente. Maletas arriba, baladeur con casetes de Barclay James Harvest. Paisajes volando por la ventanilla, música en las orejas.

De repente, lo vi. Cabeza morena entre los asientos, unos filas delante, del otro lado del pasillo. Me miraba fijo. Intenso, como un lobo oliendo presa. Al principio, me hizo gracia. Yo también lo miré. Pero no paraba. Cada vez que giraba la vista, ahí estaba su mirada clavada. Calor subiendo por mi cuerpo. Mejillas ardiendo. ‘Joder, no ruborices’, me dije. Pero su puta mirada me ponía cachonda. Decidí: este tío es mío. Voy a folármelo como quiera.

La Mirada que Desató Mi Hambre de Control

El tren se llenó de familias, niños gritando, charlas altas. Sudor bajando por mi espalda. No aguantaba más. ‘Voy a fumar’, pensé. Al soufflet, cigarro en mano. Tercera calada y… ‘¿Tienes fuego?’. Voz grave. Era él. Alto, delgado, cuerpo atlético bajo la camisa. Le di el mechero, dedos rozando los suyos. Chispa eléctrica. Pero yo no iba a temblar. ‘¿Qué miras tanto?’, le solté, mirándolo a los ojos. Sonrió, confiado. ‘A una tía buena’. ‘Pues ven, siéntate conmigo’, le dije yo, mandona. Volví a mi sitio, corazón latiendo fuerte.

Sacó el asiento, se acercó. Yo quité el saco, lo miré directo. ‘No te muevas’, murmuré, cogiendo su mano. Caliente, suave. La apreté fuerte. Le quité los auriculares, me incliné y lo besé yo primero. Labios exigentes, mordiendo su labio inferior. ‘Shh, yo mando aquí’. Mano subiendo por su muslo. Se tensó. El revisor pasó: ‘Billetes’. Él sacó el suyo, yo busqué el mío temblando un poco. ‘No te alteres, preciosa’, dijo el viejo guiñando. Nos reímos bajito.

Pero yo quería más. ‘Ven a los baños en cinco minutos. No tardes’, le susurré al oído, rozando su oreja con la lengua. Me arreglé el vestido –un botón suelto, tetas casi fuera–. Caminé swaying hips hacia allá. Abrí la puerta… y lo metí yo dentro. Puerta cerrada. Lo empujé contra la pared. ‘Quítate la camisa’, ordené. Obedeció. Cuerpo fibroso, sudoroso. Yo desabroché mi vestido lento, dejándolo caer. Sujetador fuera. Tetazas firmes al aire.

Follada Brutal: Yo al Mando en los Baños

‘Siéntate en la taza, piernas abiertas’, le mandé. Él obedeció, polla ya dura marcando el pantalón. Me acerqué, frotándome contra su bulto. ‘Mira lo que me pones’. Bajé su cremallera, saqué esa verga gruesa, venosa. La palpé, dura como piedra. ‘Mmm, buena polla’. Lamí la punta, salada de precum. La chupé hondo, garganta apretando. Él gemía: ‘Joder…’. ‘Cállate’. Me levanté, quité braga empapada. Coño chorreando, labios hinchados.

Me puse encima, rozando mi coño mojado en su polla. ‘Pídemelo’. ‘Por favor, fóllame’, suplicó. Sonreí. ‘Bien’. Me empalé despacio, centímetro a centímetro. ‘¡Ahhh!’. Llenándome hasta el fondo. Empecé a moverme yo, lento al principio. Caderas girando, clítoris frotando su pubis. ‘Más rápido…’. ‘No, yo decido’. Aceleré, rebotando duro. Sus manos en mis caderas, pero yo las aparté. ‘Manos quietas’. Follando fuerte, tetas botando. ‘Tu coño… tan apretado’. ‘Cállate y córrete cuando yo diga’.

Placer subiendo, olas brutales. Dedos en mi clítoris, me corro primero: ‘¡Sííí!’. Coño contrayéndose, leche por su polla. Él explotó dentro: chorros calientes llenándome. Temblando, sudados. ‘Buen chico’, le dije, besándolo suave.

Salimos riendo, mano en mano a los asientos. Bajó en la próxima estación. Ni nombre pregunté. Volví sola, miradas de envidia y juicio. Pero yo… radiante. Poder puro. Lo había conquistado, follado a mi ritmo. Orgullosa, cachonda aún. Ese día, supe: yo controlo mi placer. Siempre.

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