Hace unos días, todo cambió. Mi mejor amiga Sandra y yo somos vecinas desde hace años. Yo, secretaria de dirección, fuerte, segura, siempre abierta al sexo. Ella, masajista en casa, lesbiana declarada. Nos conocemos del instituto, compartimos todo. Pero los hombres nunca me han hecho explotar de verdad. Con ella… era diferente.
Un viernes de verano, 2006, subo temprano a su piso. Toco, música alta, entro. Voy a su sala de masajes, pensando que está sola. Abro la puerta… y ahí está. Sandra desnuda, arrodillada, con dos dedos hundidos en el coño de una morena de 35, flaca, preciosa. De espaldas, gime. No me ven. Cierro, pero miro por la rendija. Sandra se levanta, tumba a la tía en la camilla, le abre las piernas en alto y le come el coño con furia. Su culo hacia mí, coño afeitado, abierto, chorreando jugos. Se toca el clítoris rápido, jadeando.
La Tensión que Me Hizo Decidir: Ella Será Mía
Mi coño se moja al instante. Tetas duras. Me meto la mano en la braga, froto fuerte. Nunca tan cachonda. Me corro mordiéndome el labio, viendo cómo ellas explotan. Huyo, avergonzada, pero con fuego dentro.
Noche normal: cine, cena. Pero cada mirada a Sandra, veo su coño reluciente. Me masturbo pensando en ser yo la que la folla. La semana pasa, mi cumple. Ella planea sorpresa: shopping, piscina, cena ligera.
Sábado noche, me lleva a su sala. ‘Quítate todo, confía en mí’, dice. Me pongo en pompa con toalla. Vuelve en bata blanca, sexy. Aceite frío en la espalda, me tenso. ‘Relájate’, murmura, manos suaves en hombros, baja. Pienso en sus dedos en ese coño ajeno, ahora en mi piel. Frío, calor sube.
Me pide quitar braga. Manos en piernas, sube rozando nalgas. Ecarte globos, roza ano. Mi coño palpita, moja toalla. Me pone boca arriba. Masajea sienes, cuello, vientre… roza tetas sin tocar. Piernas abiertas, dedos cerca del pubis. Quiero gritar: ‘¡Fóllame ya!’ Pero controlo.
Domingo, charlamos sexo. Le pregunto cómo descubrió que le van las tías. Me cuenta su primera. Yo confieso fantasías con chicas. ‘¿Otro masaje?’, ofrece. ‘Sí’, digo, pero esta vez… yo mando.
El Placer Brutal Bajo Mis Órdenes
Me desnudo, me tumba. Empieza suave, pero cuando masajea culo, siento sus dedos resbalar cerca. Chorreo. Me giro de golpe, la miro fijo. ‘Para. Ahora mando yo.’ Hesita. ‘Sandra, te vi follar a esa tía. Me mojé viéndote. Quiero tu coño. Y lo voy a tener.’ La beso duro, lengua dentro. Gime.
‘Quítate eso’, ordeno. Desnuda, coño depilado listo. La tumbo, abro piernas. ‘Vas a ser mía.’ Le chupo tetas, muerdo pezones. Bajo, huelo su excitación. Lametazo largo en clítoris. ‘¡Dios!’, grita. Dos dedos en su coño apretado, bombeeo rápido. Se retuerce.
La pongo a cuatro, como la vi. Le meto lengua en culo, dedos en coño. ‘¡Más!’, suplica. Agarro vibrador de cajón. ‘Abre bien.’ Se lo clavo en coño, fuerte. Otro dedo en ano. La follo brutal, controlando ritmo. Grita, tiembla, se corre a chorros, empapando camilla.
No paro. La monto, frotando mi coño en su cara. ‘Lámeme, puta.’ Lengua profunda, me corro en su boca. Luego, dedos en su culo: uno, dos, tres. La hago gritar placer. Otro orgasmo la destroza.
Después, abrazadas. Sudor, jugos por todos lados. La beso suave. ‘Eres mía ahora.’ Sonríe rendida. Yo, poderosa, satisfecha. Tomé control, la征服í. Su coño es mío cuando quiera. Y lo quiero siempre.