Hace unos días, aquí en mi residencia junto a la playa del norte de España, con esas dunas y ese bosque que huele a pino y mar. Invité a un pareja de inquilinos a la piscina. Luca, el marido, alto, musculoso, con esa mirada de macho que se aburre. Su mujer, Emma, charlaba con mi pareja. Yo vi la oportunidad. Sentí esa adrenalina, ese cosquilleo en el coño. Decidí: él sería mío. Ahora.
Me acerqué, bikini ajustado, tetas firmes al aire. ‘Luca, ven conmigo un momento’, le dije bajito, mano en su brazo, piel caliente bajo el sol. Él dudó, miró a su mujer. ‘No mires atrás, cariño. Tú y yo vamos a follar. Mis reglas’. Sus ojos se abrieron, polla ya medio dura bajo el bañador. ‘Pero Emma…’, balbuceó. Le apreté la polla por encima de la tela. ‘Cállate. Desactivo el pase de ella. Nadie entra sin que yo diga. Te voy a chupar esa verga hasta que supliques, y luego te follo yo’. Tension en el aire, sudor mezclado con cloro. Él tragó saliva, asintió. Mi coño palpitaba. Lo tenía.
La tensión que me encendió
Lo llevé a la piscina, agua fresca lamiendo mis muslos. ‘Quítate todo’, ordené. Se desnudó, polla tiesa, gorda, venosa. ‘Arrodíllate’. Me metí en el agua, tetas flotando. Agarré su cabeza, la empujé a mi coño. ‘Come, lame mi clítoris. Hazlo bien o no te dejo follar’. Lengua torpe al principio, eh… pero aprendió rápido. Chupaba mis labios, sorbía mi jugo salado, olor a sexo y piscina. Gemí, ‘Sí, así, métela profunda’. Mis caderas follaban su cara, agua salpicando.
Salí, lo tiré al borde. ‘Ahora yo’. Su polla en mi mano, dura como piedra, pre-semen brillando. La tragué entera, garganta profunda, saliva goteando. ‘Mmm, qué polla rica, más grande que la de mi hombre’. Él jadeaba, ‘Joder, sí…’. La mamé fuerte, bolas en mi palma, pesadas. ‘No corras, cabrón. Ponte condón’. Se lo puse, torpe de excitación. Lo monté en cowgirl, coño tragando su verga hasta el fondo. ‘Muevo yo, tú quieto’. Rebote tras reboté, tetas saltando, clítoris rozando su pubis. ‘Fóllame el coño, pero yo mando’. Agua chapoteando, mis gritos: ‘¡Más hondo, joder!’.
El clímax brutal y mi dominio absoluto
‘Ahora el culo’, dije. Él dudó. ‘¿Qué?’. Unté crema en su polla y mi ano apretado. ‘Sí, mi culo virgen para ti, pero entro yo’. Me senté despacio, gland abriéndose paso, ardor delicioso. ‘Ahh… duele rico’. Lo cabalgaba anal, lento al principio, luego salvaje. ‘¡Fóllame el culo, Luca! Duro’. Él gemía como perra, manos en mis caderas. Sentía su verga pulsar dentro, mi coño chorreando. Cambié, perrito: ‘Agárrame las tetas, pellízcame los pezones’. Me folló el culo brutal, palmadas en mis nalgas, sonido de carne chapoteando. ‘¡Voy a correrme!’, gritó. ‘¡Sigue, no pares hasta que yo diga!’ Orgasmos míos primero, temblores, jugos por sus huevos.
Lo saqué, leche en mi mano. ‘Córrete en mi cara’. Chorros calientes, salados, en mi lengua. Él temblaba, vencido. Me limpié, sonrisa. Su mujer volvía, él rojo, sumiso. Lo miré: ‘Has sido mío. Recuérdalo’. Sentí el poder, esa rush de conquista. Mi coño satisfecho, él roto a mis pies. Justo lo que quería. Poder puro.