Eh, chica, siéntate que te cuento lo que me pasó hace nada. Yo, María, de Madrid, siempre he sido así: fuerte, con ganas de mandar en la cama. Ese tío… uf, un exmilitar, tatuado hasta las cejas, con brazos como troncos. Lo vi en un bar cutre del centro, después de una pelea. Sangraba un poco de la ceja, pero qué mirada, eh. Salvaje. Me acerqué, le limpié la herida con mi pañuelo. ‘¿Estás bien, machote?’, le dije, rozándole el cuello. Él gruñó algo, pero yo ya lo tenía. Sentí esa adrenalina, sabes, cuando sabes que vas a follarte a quien quieras, como quieras.
Lo miré fijo. ‘Ven conmigo’, ordené. No preguntó. En mi piso, puerta cerrada, lo empujé contra la pared. ‘Hoy mando yo. Quítate la camisa’. Dudó un segundo, pero obedeció. Su pecho… sudoroso, caliente. Le ataqué los pantalones. Polla semi-dura ya. ‘No toques, solo mira’, le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo. Tension pura. Mi coño palpitaba. Le até las manos con mi bufanda a la cama. ‘Vas a suplicar, cabrón’. Él jadeaba, ‘¿Qué coño haces?’, pero sus ojos… puro fuego. Yo decidí todo: besos donde yo quería, lamidas lentas por su torso. Subí encima, restregando mi tanga mojada contra su polla tiesa. ‘Pídemelo’. ‘Por favor…’, murmuró. Sí, era mío.
La conquista: decido que es mío y marco las reglas
Ahora lo bueno, el polvo bestial. Le arranqué el tanga, coño chorreando. ‘Mírame mientras te chupo’. Boca abajo, lengua en su glande, salado, venoso. La mamé honda, garganta apretada, él gimiendo como loco. ‘¡Joder, María!’. La saqué reluciente, me subí a horcajadas. ‘No te muevas’. Clavé su polla en mi coño de un golpe. ¡Ay, qué llena! Reboté fuerte, tetas saltando, uñas en su pecho. ‘¡Fóllame tú? No, yo te follo a ti’. Giré, de espaldas, polla tocando fondo. Sudor goteando, olor a sexo puro. Lo cabalgaba salvaje, coño apretando su verga. ‘¡Córrete dentro cuando yo diga!’. Él suplicaba, caderas arriba. Cambié: perrito, yo empujando contra él, control total. Dedos en su culo, masajeando próstata. ‘¡Ahora!’. Se corrió a chorros, leche caliente llenándome. Pero yo no paré. Seguí moviéndome, ordeñándolo hasta que gritó. Mi orgasmo vino brutal, coño convulsionando, chorros mojando sábanas. Lo dejé hecho polvo.
Uf, después… qué poder. Él jadeando, atado, mirada de perrito. ‘Eres una diosa’, balbuceó. Yo sonriendo, desatándolo despacio. ‘Sabía que caerías’. Sentí esa rush, esa conquista total. Su polla aún medio dura por mí. Lo besé, suave ahora. ‘Vuelve cuando quieras que te domine otra vez’. Se fue temblando piernas. Días después, herido en un curro, ciego temporal por un golpe. Lo visité en secreto, masajes… mis manos mágicas en su cuerpo. Noches locas, yo guiándolo a mi coño sin que viera. Al final, en su curación, lo follé de nuevo, él sabiendo que mando. Poder puro, chicas. Nadie me para.