Cómo Tomé el Control de la Loba en el Bosque: Mi Polla la Hizo Rendir

Estaba caminando por el bosque, con mi falda roja tan corta que rozaba mis muslos. El chaperón rojo me cubría los hombros, pero mis tetas enormes asomaban por el escote roto. Collants blancos hasta medio muslo, zapatillas rojas de tacón. Sudaba un poco, el calor entre las piernas me picaba. Llevaba la galleta para la abuela, pero… eh, algo me decía que hoy no sería un día normal.

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De repente, la vi. Una loba, pero no un lobo cualquiera. Pelo plateado, melena negra larga, pelaje en brazos y piernas, ojos amarillos brillantes. Orejas puntiagudas, cola espesa. Y tetas como melones. Pero lo que me dejó parada… su polla. Un metro de puro nervio, tiesa, apuntando al cielo. Abajo, sin huevos, un coño hinchado, labios jugosos. Hermafrodita como yo. Sonrió, espiègue. ‘¿Adónde vas, preciosa?’, gruñó.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Ella Sería Mía

Le contesté lo de la abuela, el camino largo. Ella corrió por el corto, yo por el mío, pero lento. Cogiendo flores, sintiendo mi propia polla endurecerse bajo la falda. Mi coño chorreaba ya. Llegué a la casa. Toc toc. ‘¿Quién?’, su voz disfrazada. Entré, la vi en la cama de la abuela. ‘¿Dónde está mi abuela?’, pregunté, pero mi voz salió ronca, excitada.

Ella saltó, me besó. Sus labios calientes, lengua áspera. Yo… no me resistí. Al revés. La empujé contra la pared. ‘Cállate, loba. Hoy mando yo’. Sus ojos amarillos se abrieron grandes. ‘¿Qué…?’, balbuceó. ‘Shh. Tus orejas grandes, para oír mis gemidos. Tus ojos, para verme follarte. Tus dientes, para morderme cuando te corras’. Le arranqué el disfraz. Su polla saltó, venosa, goteando. Mi mano la agarró fuerte. ‘Pero esta polla… es mía ahora. Y tu coño, también’.

La tiré en la cama. ‘Quítate eso’, le ordené, señalando mi falda. Me desvestí despacio, dejando ver mi polla dura, mi coño empapado. ‘Somos iguales, ¿eh? Pero yo decido’. Ella jadeaba, ‘Sí… toma lo que quieras’. La besé duro, mordiendo su cuello peludo. Manos en sus tetas enormes, pellizcando pezones duros como piedras. ‘Vas a suplicar, puta’.

Le abrí las piernas. Su coño brillaba, olor a excitación salvaje. Metí dos dedos, ásperos. ‘¡Ah! Joder…’, gimió. ‘Cállate y abre más’. Saqué mi polla, frotándola en su raja. Entré de golpe en su coño. Caliente, apretado, succionándome. Empecé a bombear, lento al principio. Sus caderas se movían solas. ‘Más rápido… por favor’. ‘No. Tú miras’. Agarré su polla, la masturbe mientras la follaba. Pre-cum por todas partes.

Follada Brutal Bajo Mis Órdenes y el Final Triunfal

Cambié. ‘Ahora, chúpamela’. Me puse a horcajadas en su cara. Su lengua en mi coño, lamiendo mi clítoris hinchado. Yo follé su boca con mi polla, hasta la garganta. ‘Traga, zorra’. Ella ahogaba gemidos. Luego, la puse a cuatro patas. Mi polla en su culo esta vez. ‘¡Duele!’. ‘Aguanta’. Entré, centímetro a centímetro, hasta el fondo. La azoté las nalgas peludas. Roja, marcada.

La puerta se abrió de golpe. El leñador, polla enorme colgando, huevos gordos. ‘¿Qué coño…?’. Sonreí. ‘Entra. Tú también eres mío’. Él se desvistió, verga más gruesa que la mía. ‘Fóllame el coño mientras yo la jodo’, le dije. Él obedeció, embistiéndome por detrás. Triple follada: yo en la loba, él en mí. Sudor, slap slap de carne. La loba se corrió primero, leche salpicando la cama. ‘¡Sí, joder!’. Yo la seguí, llenándole el culo. El leñador me inundó el coño de semen caliente.

Pero no paré. Cambié posiciones. La loba encima de mí, mi polla en su coño, el leñador en su culo. Yo dirigía: ‘Muévete más rápido. Él, más profundo’. Gemidos everywhere. Tetas rebotando, mordidas, arañazos. Otro orgasmo grupal, leche por todos lados. Coños chorreando, pollas palpitando.

Al final, abuela entró. ‘¡Bordelous!’. Vieja hermafrodita, arrugada. Todos huyeron menos yo. Me vestí, sonriendo. ‘No has probado la galleta, abuela. Y no diré nada’. Salí, piernas temblando, pero poderosa. La había conquistado. Mi polla aún dura, recordando. Esa adrenalina… joder, volvería mañana.

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