Cómo Tomé el Control en una Orgía que Aún Me Hace Temblar

Estábamos en mi piso, fin de primavera. El sol se colaba por las persianas, calentando el aire. Yo, con mi metro setenta y cinco, curvas firmes de gimnasio, melena negra suelta y ojos que mandan. Mi novio Pablo, alto, musculoso, ojos marrones. Llegaron Luis, mi amigo de la uni, flaco pero con esa polla que se nota en los pantalones, y su chica Marta, tetas 95D, culo redondo que pide guerra, pelo castaño ondulado.

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Bebidas en mano, risas. Las chicas picamos primero. ‘Venga, tíos, striptease o nada’, les solté yo, con esa voz que no admite réplicas. Se miraron, sonrieron nerviosos. ‘¿En serio?’, balbuceó Luis. ‘En serio. Despacio. Yo digo cuándo parar’. Pablo empezó, quitándose la camisa, mostrando esos abdominales. Luis lo siguió, torpe al principio. Yo me acerqué a Luis, le rozo el pecho. ‘Tú eres mío esta tarde’, le susurré al oído, sintiendo su piel erizarse. Marta y Pablo se besaban ya, pero yo dictaba. ‘Pablo, con ella. Luis, ven aquí’. La tensión subía, mi coño ya húmedo de pura adrenalina. Le bajé los pantalones yo misma, su polla saltó medio dura. ‘Mmm, buena pieza. Ahora, a mis pies’. Se arrodilló, obediente. Yo me quité la falda, bragas empapadas. ‘Lámeme primero. Hazlo bien o no te follo’. Su lengua en mi clítoris, torpe pero ansiosa. Yo agarré su pelo, guiándolo. ‘Más adentro, joder’. Pablo follaba ya a Marta en el sofá, gemidos de fondo. Pero Luis era mío.

La Decisión que Cambió Todo

Lo tiré al suelo, me subí encima. ‘Mírame a los ojos mientras te monto’. Su polla dura como piedra, la guié a mi coño chorreante. ‘¡Ah, sí! Así, cabrón’. Embestí fuerte, controlando el ritmo. Sus manos en mis tetas, pero yo las aparté. ‘No toques sin permiso’. Marta gritaba con Pablo en levrette, tetas balanceándose. Yo aceleré, mi culo chocando contra sus muslos, clac-clac. ‘Ahora, al revés. Quiero tu lengua en mi culo’. Me puse a cuatro, él obedeció, lamiendo mi ano mientras metía dedos en mi coño. ‘¡Joder, qué bien! Pablo, ven, fóllame el culo mientras él me come’. Pablo se acercó, polla lista, escupió en mi ano y entró despacio. ‘¡Más fuerte, amor! Rompe mi culo’. Luis debajo, mamando mi clítoris. Doble penetración que me volvía loca, jugos por todas partes. ‘¡No pares, Luis! Chúpame hasta que me corra’. Grité, orgasmo brutal, coño contrayéndose, apretando sus dedos.

El Placer Bajo Mis Órdenes

Les cambié posiciones. ‘Luis, tú ahora en mi culo. Pablo, mi boca’. Los organicé como marionetas. Luis empujó su polla gruesa en mi ano dilatado, dolor-placer puro. ‘¡Fóllame el culo como un hombre!’. Pablo en mi garganta, bolas en la barbilla. Marta se masturbaba viéndonos, dedos hundidos en su coño. ‘Marta, lame sus huevos’, le ordené. Ella obedeció, lengua en las bolas de Pablo. Ritmo salvaje: embestidas profundas, sudor goteando, olor a sexo llenando la habitación. ‘¡Me corro! Lléname el culo, Luis!’. Él gruñó, semen caliente inundándome las entrañas. Pablo eyaculó en mi boca, tragué todo, salado y espeso. Me corrí otra vez, temblando, poderosa.

Caímos exhaustos. Yo en medio, acariciándolos. ‘Lo habéis hecho bien. Exactamente como yo quería’. Luis jadeaba: ‘Eres una diosa’. Sonreí, besé a Pablo. Marta se acurrucó, limpiándome el coño con la lengua. Sentí esa euforia de control total, de haberlos doblegado a mis deseos. Poder puro en cada gemido que les arranqué. Aún hoy, reviviendo esos sabores, olores, me mojo sola. Nadie me para.

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