Cómo tomé el control y la hice mía en su salón

Estábamos en su casa, después de una tarde de piscina con las chicas. Julia, mi amiga casada, con ese cuerpo maduro que grita aburrimiento. Yo, con mi piel morena brillando por el sol, la miro fijo. Hablando de fotos de mis vacaciones, desnuda en la playa. Sus ojos se clavan en mis curvas. Siento la electricidad. ‘¿Te gusta?’, le digo bajito, rozando su brazo. Ella tartamudea, ‘Sí… eres… increíble’. El aire se carga. Las otras se van, y quedamos solas en el salón. Su marido trabajando, como siempre. Yo decido: esta puta será mía hoy.

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Me acerco lento. Su nuca expuesta, pelo húmedo. La beso ahí, suave al principio. ‘Astrid… ¿qué haces?’, susurra, pero no se mueve. Gira la cabeza, labios cerca. La beso de verdad, lengua adentro. Profundo. Sus manos tiemblan en mis hombros. ‘No… alguien podría…’, dice, pero yo la agarro la cara. ‘Cállate. Aquí mando yo. No en tu cama de casada. En el sofá, como putas’. La empujo suave contra el respaldo. Siento su coño ya mojado rozando mi muslo. ‘Quítate el albornoz’, ordeno. Cae al suelo. Tetas grandes, pezones duros. Mi boca en su cuello, mordiendo. ‘Hoy te follo yo. Te hago correrte como tu marido no puede’.

La tensión que me encendió

La tumbo en el sofá. Manos en sus tetas, pellizcando pezones. Gime. Bajo lento, lamiendo ombligo, vientre. ‘Abre las piernas, zorra’. Obedece. Coño rosado, hinchado. Huele a excitación pura. Lengua en su clítoris, chupando fuerte. ‘¡Dios… sí!’, grita. Dedos adentro, dos, curvados en su punto G. Sale jugo, lo lamo todo. ‘No pares… por favor’. Yo controlo el ritmo. La llevo al borde y paro. ‘Ruega’. ‘Por favor, Astrid… fóllame’. Saco mi strapon del bolso, negro, grueso. Se lo planto en la boca primero. ‘Chúpalo como a la polla de tu marido’. Lo moja bien. La pongo a cuatro patas, culo arriba. Golpeo sus nalgas. ‘Esto es mío ahora’. Empujo en su coño, hondo. Clava uñas en el cuero. ‘¡Más! ¡Fóllame duro!’. Empujo fuerte, saliendo y entrando, bolas chocando. Manos en sus caderas, tirando pelo. Cambio: la pongo encima, cabalgando. Tetas rebotando. ‘Muévete, puta. Córrete en mi polla’. Grita, tiembla, chorrea. La volteo boca abajo, dedos en su culo mientras la follo. ‘Ahora el ano’. Lubrico con su jugo, entro lento. Aprieta, pero yo mando. ‘Relájate, te va a gustar’. Bombeo, ella llora placer. Otro orgasmo la rompe.

Se derrumba, sudada, follada. Yo encima, besándola, mi coño frotando el suyo. ‘Me has hecho tuya’, murmura, rendida. Siento el poder puro. La vi suplicar, correrse tres veces bajo mis reglas. Su marido ni idea, y yo la marqué. ‘Mañana vienes a mi casa. Trae juguetes. Seguiré mandando’. Sonríe, obediente. Me visto, la dejo jadeando. Caminando a casa, coño palpitando de victoria. Esa adrenalina de conquistar, de ver a una mujer fuerte romperse por mí… adictivo. Ahora es mi puta secreta. Y quiero más.

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