Otro otoño jodidamente frío. Me apunté a las vendimias en una finca pequeña, unos diez tíos, el patrón incluido. El suelo estaba cubierto de escarcha, un puto infierno. ¿Quién coño espera tanto para recoger uvas podridas? Yo prefería no cargar hotas, me tocaba las filas agachándome el lomo. Al final de cada hilera, un trago de tinto nos esperaba. Y las pausas se alargaban: cigarro, mear… Cualquier excusa para meter las manos en los bolsillos y entrar en calor. Me flipan estos curros raros, me dan esa pena deliciosa de lástima por mí misma.
Por las noches, nada de volver a casa. Vivía a 50 km, y acabábamos tarde, medio pedo. Ni buses en ese pueblo de mierda. Además, mi piso era un armario con el desorden de mi vida. Así que nos juntábamos ocho, diez, a veces doce, con fiambre, sopa caliente y vino para rematar. Chistes verdes, de pueblo, rozando lo sucio.
La Decisión de Conquistarlo
Había tías, la jefa la más salida, y la Yvonne esa, la amante del patrón, con la lengua suelta. Pero los ojos se iban a las vendimiadoras. Alexandra, con ojos negros, la reina. Stéphanie, hija del patrón, con un grano feo en el labio. Y Javi, el último mono, flaco, callado, invisible. Parecía que había que pegarle para sacarle dos palabras.
Todos corrían tras Alexandra, nerviosos, casi a hostias por sentarse a su lado. Diez días congelados, espalda rota, sin un polvo –dormíamos en un dormitorio apestando a pies–, eso pone los huevos a reventar. Yo los veía, y me cabreaba. Dejé la caza, no soy de machos alfa. Llegaba la última a la cena, y siempre acababa al lado de… Javi. Sin competencia.
Al principio, solo ‘pásame el pan’, ‘gracias’. Pero haciendo el payaso, lo fui soltando. Coñazo total, eh… Muy tieso. Un día, al levantarse, zas, su culo perfecto delante. No enorme, pero carnoso, relleno, dos nalgas jugosas. El resto del cuerpo, flaco, casi esquelético. Solo el culo había crecido. Comparado con el de Alexandra, plano como tabla, el suyo era oro. Dios, ¿por qué no le pusiste ese culo a ella?
Desde entonces, obsesión. Me tocaba el coño pensando en ese trasero antes de dormir. En las cenas, charlando con él, solo veía su culo esperando mi polla… Bueno, mi control. Al final de la fila, lo buscaba con la mirada.
Era la penúltima noche. No bebí mucho, ni fumé. El hígado me jodía, vomitaba todo el día. Después del café, le digo: ‘Javi, ¿vamos a dar una vuelta? Necesito aire’. Estúpido, con este frío. Pero nos metimos en el chai, las cubas fermentando.
Salgo un segundo por aire, vuelvo. Él de espaldas, frente a un tonel. Caderas anchas, culo rembourré, cuerpo menudo. Poira perfecta. Caí de rodillas en mi mente, extasiada. Nos sentamos en una barrica.
‘¿Te gustó la vendimia?’
‘Me dolió la espalda, pero la ambiance… bien.’
¿La ambiance? Si apenas hablaba.
‘¿Y ahora?’
‘Volver a limpiar casas.’
El Acto Brutal Bajo Mi Mandato
‘¿Y tú?’, me pregunta.
‘No sé, buscar curro de verdad.’
Silencio. Cómodo. Se oía la fermentación. Dicen que te emborrachas si te asomas.
Y pum, le planto la mano en el culo. No roce, manaza entera en esa carne. Locura, después de días sin tocarlo. Podría haberme dado una hostia. Nada. Vacío. Eso me enciende. Deslizo la mano debajo, amaso. Se deja. Me mojo la polla… el coño.
‘Levántate, ponte ahí.’ Frente al tonel. Amaso más, qué vicio a través de la ropa. No aguanto, le bajo el pantalón y calzoncillos. Culo blanco, lechoso. Perfecto.
Separo nalgas, dedo en la raja, insisto en el agujero. Ese culo pedía polla por detrás. Mojo dedo, meto. Adentro, va y viene. Otro dedo, más grande, abro. Tímido así, culo al aire en el chai, se deja dobtar sin chistar. Mi coño chorrea.
Pero yo mando. ‘Agáchate más.’ Obedece. Más dedos, lengua lamiendo, mojadito todo. ¿Le habrán follado el culo antes? No pregunto, rompo el hechizo.
Saco mi mano, pero no… Espera, yo quiero que me folle él, pero bajo mis reglas. Le digo: ‘Ahora me vas a comer el coño primero’. Me bajo el pantalón, me siento en la barrica, piernas abiertas. Él de rodillas, lengua torpe al principio. ‘Más adentro, joder’. Gime bajito.
Luego: ‘Saca la polla’. Dura como piedra. ‘Ahora, mójala en mi coño y métemela en el culo’. Me pongo a cuatro, controlo. La pone en mi ano. Lentito, yo empujo. Entra. No dice nada, quizás se muerde labio.
‘¿Sientes mi culo apretándote la polla? Muévete como yo digo’. Silencio, pero folla. Toco mi clítoris, corro como loca, chillando. Acelero yo: ‘Más fuerte, cabrón’. Siente mi orgasmo, se corre dentro, leche profunda.
Nos vestimos, silencio. Él a las chicas… No, él al dormitorio tíos. Yo sonrío. Misión cumplida.
Al día siguiente, me piro. Volví por pasta días después, Javi ya no. Yvonne guiña: ‘Preguntó por ti, quería tu dirección’. No la tuvo. Me da igual. Ese culo, esa sumisión… Poder total. Lo usé como quise. Adrenalina pura.