No pude resistirme. Hace unos días, en un tren Corail, a media tarde, el calor me tenía sudando. Yo, cuarentona, morena de pelo corto, con curvas que no escondo, iba a ver a una amiga. Mi marido me dejó en la estación chica, y subí al tren después de años sin pisarlo. Me senté al fondo del vagón, sola, con pocos pasajeros adelante: viejos charlando, un par de señoras… El sitio perfecto.
Después de una hora, para en un pueblo. Sube él. Treinta y pico, guapo, trajeado, el yerno soñado. Me mira fijo al entrar, escanea el vagón. Y se planta frente a mí, sonriendo. ¿Espacio libre? Pues sí, pero elige ahí. Yo pienso: ‘Qué morro’. Casi me muevo, pero no. Algo me prende. Lo miro de reojo. Empieza: mano en la bragueta, frotando despacio. La polla se marca, crece. Me hierve la sangre.
La Decisión de Hacerlo Mío
Yo no soy de estas aventuras. Tengo marido, vida normal. Pero ese día… uf, la imprevisibilidad me moja el coño. Calor asfixiante, mi vestido de verano cache-cœur, sin sujetador, tetas libres rozando la tela, tanga de encaje. Él sigue, más insistente. Yo, detrás de la revista, siento el clítoris hincharse. Bajo la revista. Nuestras miradas chocan. Él no se esconde. Yo… decido. Este tío es mío. Voy a dirigirlo todo.
‘¿Te gusta lo que ves?’, le susurro, voz ronca, abriendo las piernas un poco. Él asiente, ojos en mi entrepierna. ‘Pues mira bien. Pero yo mando aquí’. Sonrío, fiera. Levanto el bajo del vestido, lento. Mi tanga asoma. Él traga saliva, mano apretando su paquete. ‘Sácatela’, le ordeno bajito. Obedece, frotando más fuerte. Yo me toco por encima, clítoris latiendo. ‘Más despacio, cabrón. No corras’. Él gime suave, ‘Sí… como tú digas’. La tensión sube, el tren traquetea, sudor perla mi piel. Siento mi coño chorrear.
Me levanto un segundo, tanga a los tobillos, la meto en el bolso. Piernas abiertas, depilada brasileña, solo triángulo negro. Labios hinchados, clítoris enorme, rojo, palpitando. Pongo un pie en el asiento, coño al aire. ‘Míralo bien. Tócatela para mí’. Él jadea, ‘Joder, qué coño tan perfecto…’. Yo me froto el clítoris, dedo girando, metiendo otro en el agujero húmedo. Sus ojos devoran. ‘Saca las tetas’, me dice. No. ‘Cállate. Sácala tú la polla primero’.
Dominando Cada Empuje y Gemido
Desabrocha, saca una verga gorda, gruesa, glande morado hinchado. Huevos enormes fuera. ‘Ahora sí’. Bajo el cache-cœur, tetas 95C fuera, pezones duros como piedras. Nos miramos, masturbándonos. Yo controlo el ritmo: ‘Más lento… ahora rápido’. Él obedece, polla goteando. Avanzo el culo al borde, piernas entrelazadas. ‘Tócame las tetas’. Sus manos las amasan, pellizcan pezones. Yo agarro sus huevos, pesados, calientes. ‘Ahora tu mano en mi coño’. Dedos dentro, pulgar en clítoris. Yo le pajeo la polla, dura como hierro.
‘Voy a…’. ‘No, aún no’. Lo freno, aprieto base. Él suplica, ‘Por favor…’. Cambio: lo monto a horcajadas sutil, polla rozando mi coño sin entrar, frotando clítoris. ‘Fóllame el clítoris con tu glande’. Él empuja, obediente. Manos en mis tetas, yo en su polla y huevos. Ritmo mío: rápido, lento. El tren vibra, riesgo de pillarnos me excita más. ‘Córrete cuando yo diga’. Siento el orgasmo venir, coño contrayéndose. ‘¡Ahora!’. Él eyacula chorros calientes en mi clítoris, labios, dentro un poco. Yo exploto, mordiéndome labio, jugos mezclados con su leche tibia.
Minutos después, recompongo. Él, rojo, polla flácida. No hablamos. Baja en mi estación, pasa rozándome: ‘Gracias, diosa…’. Mi amiga pregunta. ‘Un conocido’. Sonrío interior. Lo tuve a mis pies. Esa polla en mi poder, su sumisión… Poder puro. Ahora, follando con mi marido, lo revivo. Yo mando siempre. Esa conquista, mía para siempre.