Cómo Tomé el Control Total y lo Hice Gemir Bajo Mí en Jamaica

Acabo de volver de Jamaica, y aún siento el calor en mi coño. Eh… todo empezó en ese casting de mierda en el estudio. Entré con mi vestido corto, tetas al aire casi, y vi a Leonardo. Alto, musculoso, con esa sonrisa de actor de pacotilla. Intentó ser el jefe, sentándome en sus rodillas para ‘repetir escenas’. Pero yo no soy de esas que se dejan. Lo miré fijo, pasé mi mano por su polla dura bajo los pantalones. ‘Esta noche en tu piso, pero yo pongo las reglas’, le dije. Se quedó mudo, tragando saliva. La tensión subía, su aliento acelerado contra mi cuello. Olía a colonia barata y excitación. ‘Quítate la camisa ya’, ordené. Sus pezones duros, yo los pellizqué. ‘Vas a hacer lo que yo diga, o te dejo con las ganas’. Él asintió, ojos vidriosos. Decidí: este sería mío. Mañana volamos a Jamaica para ‘entrenar’. Sin ropa innecesaria, solo tanga y ganas de follar.

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En la suite de luna de miel, lo até a la cama con mi bufanda. ‘Abre las piernas’, gruñí. Su polla saltó, gorda, venosa, más grande que la de mi marido. La olí primero, salada, palpitante. ‘Chúpame el coño primero, cabrón’. Me senté en su cara, restregando mi chochito depilado, jugoso de la playa. Él lamía torpe, yo lo guiaba: ‘Más lengua en el clítoris, joder’. Grité cuando me corrí, mojándole la boca. Luego, le metí dos dedos en el culo. ‘Prepárate para más’. Compré un plug enorme en el pueblo. Se lo clavé despacio, él gemía: ‘¡Duele, pero… sigue!’. Lo vi retorcerse, sudoroso, piel bronceada por mi aceite en la playa. Fleur llegó, esa negra tetona del bar. ‘Únete, pero obedece’. La besé duro, mordiendo sus labios carnosos. ‘Lame su polla mientras yo lo monto’. Me subí encima, su verga rompiéndome el coño. Cabalgaba salvaje, tetas rebotando, ‘¡Más hondo, coño!’. Cambié: ‘Ahora anal’. Escupí en su agujero dilatado, me coloqué un strap-on grueso. Lo follé como a una puta, embistiéndolo mientras Fleur me comía el culo. ‘¡Gime para mí!’. Él explotó, leche chorreando por sus bolas. Yo controlaba el ritmo, las corridas. Tres veces lo vacié esa noche, playa, bar, fuego. Fleur y yo en 69, él mirando, polla tiesa de nuevo.

La Conquista: Decidí que Sería Mío

Al final, exhaustos en la arena, los tenía rendidos. Leonardo suplicaba: ‘Vuelve pronto, jefa’. Fleur ronroneaba contra mi piel: ‘Eres nuestra reina’. Sentí el poder puro, coño hinchado pero satisfecho, su semen seco en mis muslos. Yo decidí todo: cuándo parar, cuándo más. Regresé a casa, mi marido me folló suave, pero yo sonreía pensando en mi imperio jamaicano. Ahora sé: el mundo es mío para follar y conquistar. Esa adrenalina… uff, me moja solo recordarlo. Si quieres detalles sucios, pregúntame. Pero yo mando.

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