Acababa de empezar como chica de la limpieza en casa de André. Nuevo curro, horarios raros. Él, un tío guapo, con pinta de tímido pero con una colección de boxers y strings que me dejó loca el primer día. Vi sus catálogos de lencería masculina. Sonreí para mí. ‘Este va a caer’, pensé. Decidí tomarlo yo. Nada de esperarlo. Yo mandaba.
El primer lunes, calor de agosto. Puse la radio a tope, me quité la ropa. Solo mi shorty fucsia de seda y el sujetador a juego. 95D apretados, culo redondo asomando. Repasaba su camisa, moviéndome despacio. Oí la puerta. Él entró, se quedó parado. Boca abierta. Sus ojos en mis tetas, en mi culo. ‘Perdón…’, balbuceó. ‘No, quédate. Mira bien’, le dije, sonriendo. Me excité viéndolo sudar.
La Tensión que Enciende el Fuego
Semana tras semana, lo calé. Le devolví su string negro, pero con mi olor. Él lo notó. La tensión subía. Llegué un lunes con mi chemisier blanco pegado al cuerpo, pantalón ajustado dejando ver mi tanga. Traía un saco de la tienda de lencería. ‘Para ti, si juegas’, dijo. Reí. ‘Vale, pero yo pongo las reglas. Tres preguntas cada uno. Y respondes sincero’. Me senté cerca, rozando su pierna. Él nervioso, yo calmada. Dominante.
‘¿Te has pajeado pensando en mí?’, pregunté primero. ‘Sí…’, admitió rojo. ‘Yo me he frotado tu boxer en el coño hasta correrme’, confesé, mirándolo fijo. Sus ojos brillaban. Saqué el regalo: conjunto azul pastel, traslúcido atrás. ‘Pruébatelo’. Fui al baño, me lo puse debajo. Volví vestida. ‘Quítame la blusa tú. Ganas’. Dudó. ‘Hazlo’. Abrió. Mis tetas subiendo y bajando. ‘Tócalas. Son mi punto débil… pero yo controlo’.
Lo besé duro, lengua dentro. Sus manos en mis pechos, pero yo guiaba. Desabroché su pantalón. Su polla tiesa en el boxer de rejilla. ‘Qué dura… Me encanta’. Se la saqué, la apreté. ‘Ahora, a mi ritmo’. Lo senté en el sofá. Me quité el sujetador. Tetazas libres, pezones duros. Le metí un pezón en la boca. ‘Chupa fuerte’. Gemí bajito. Mi mano en su polla, arriba abajo lento. Él jadeaba. ‘No corras aún’.
El Placer Bajo Mis Órdenes
Me puse de rodillas. Lamí su glande, saliva chorreando. Lo tragué entero, garganta profunda. ‘Mmm… qué rica tu polla’. Lo miré mientras chupaba, bolas en mi mano. Él temblaba. ‘Para…’. No. Aceleré. Pero lo paré. ‘Ahora yo’. Me quité la tanga nueva, mojada. La olí. ‘Tu semen y mi coño’. Me senté en su cara. ‘Lámeme el clítoris. Lengua adentro’. Se aplicó. Mi coño depilado, chorreando en su boca. Me froté fuerte, tetas rebotando. ‘Sí… así… ¡me corro!’. Explosé, jugos en su cara. Él lamiendo todo.
No paré. ‘Tu turno, pero yo mando’. Lo tiré al sofá. Monté su polla. Despacio. ‘Siente mi coño apretado’. Arriba abajo, controlando. Mis caderas girando, polla tocando mi punto G. ‘¡Fóllame tú? No, yo te follo’. Aceleré, tetas en su cara. Él agarrándome el culo. ‘Más adentro…’. Gemí fuerte. ‘Córrete dentro, lléname’. Él no aguantó. Chorros calientes en mi coño. Yo seguí moviéndome, ordeñándolo. Otro orgasmo mío, apretándolo todo.
Caímos sudados. Su cabeza en mis tetas. ‘Eres increíble’, murmuró. Sonreí. Lo había tenido a mis pies. Mi coño lleno de su leche, cuerpo satisfecho. Poder puro. ‘La próxima, en tu cama. Y traes más boxers para mí’. Él asintió, rendido. Yo, la reina. Adrenalina total. Lo que quería, lo tuve. Y más.