Hace unas semanas, en esa casa pequeña de Madrid, con el olor a tajine flotando en el aire… Mi marido y yo con ese pareja, Julia y Marcos. Al principio, todo risas, charla de familia, trabajo. Pero yo… yo sentía el calor subiendo. Miré a Marcos. Alto, fuerte, con esa mirada que pide permiso. No, joder, esta vez yo mando.
Después de la cena, puse música. Reggaetón pesado, que hace mover las caderas. Bailamos primero con los nuestros. Luego, me acerqué a Julia, la besé suave, rozando sus tetas. Pero mis ojos en Marcos. Él nos miraba, polla ya dura bajo los pantalones. ‘Ven aquí’, le dije bajito, agarrando su mano. Mi marido con Julia, perfecto. Yo decidí: esta noche, Marcos es mío. Lo llevé al sofá, cerca del litro. ‘Quítate la camisa’, ordené. Dudó un segundo. ‘Hazlo ya’. Se la sacó, pecho ancho, sudor brillando. Me subí encima, frotando mi coño mojado contra su paquete. ‘Sientes cómo te quiero? Vas a hacer lo que yo diga’. Él jadeaba, ‘Sí… lo que quieras’. Tension pura, mi clítoris palpitando. Dicté las reglas: ‘Nada de penetrar hasta que yo diga. Solo tocarme como yo quiero’. Le metí la mano en los pantalones, saqué su polla gruesa, venosa. La apreté fuerte. ‘Esto es mío ahora’.