Estaba en esa boda familiar, hace unas semanas. Doce años sin verlo. Javier, mi primo lejano, el chico que me volvía loca a los 18. Lo vi entrar con su mujer. Alto, barba incipiente, ojos que aún me miraban como antes. Pero yo ya no era la niña tímida. Soy Carmen, 30 años, mujer que sabe lo que quiere. Y lo quise a él. Ahora.
Me acerqué durante el vin d’honneur. ‘Javier… ¿no me das un beso?’ Le rozo la mejilla, lento. Su olor a colonia vieja me eriza la piel. Él tartamudea: ‘Carmen, ¡qué guapa estás!’ Su mujer nos mira, pero yo sonrío. ‘Luego bailamos, ¿eh?’ Le susurro al oído, mi aliento caliente en su cuello. Siento su cuerpo tensarse.
La decisión: él será mío esta noche
En la pista, luces bajas, slow. Lo arrastro. ‘Ven, no seas tonto.’ Nuestros cuerpos pegan. Mi vestido ceñido roza su traje. Siento su polla endurecerse contra mi vientre. ‘Mmm… ya estás así’, le digo bajito, mordiéndome el labio. Él balbucea: ‘Carmen, yo… mi mujer…’ Yo lo miro fijo: ‘Cállate. Esta noche eres mío. Nos escapamos. Yo mando. Si no, te dejo aquí con tu frustración.’ Sus ojos brillan, suda. ‘Vale… pero…’ ‘Ni peros. Sígueme.’ Lo beso rápido, lengua dentro, y me voy meneando el culo. Él me sigue como un perrito.
Llegamos a la casa de mi amiga, sola. Puerta cerrada, luces tenues. ‘Quítate todo. Ahora.’ Él obedece, polla tiesa saltando. La agarro fuerte. ‘Mira qué dura… por mí.’ Me arrodillo, saliva en la mano, la chupo despacio. ‘Ahhh… Carmen…’, gime. ‘Calla. Tú miras.’ Le meto los huevos en la boca mientras le mamo el glande, lengua girando. Sabe salado, caliente. Me mojo el coño solo de olerlo.
El sexo salvaje: yo mando en cada embestida
‘Allí, en la cama. Boca arriba.’ Me subo el vestido, sin bragas. Coño depilado, húmedo. Me siento en su cara. ‘Lámeme. Bien.’ Su lengua entra, chupando mi clítoris. ‘Sí… más adentro, joder.’ Gimo, frotándome. Él jadea debajo, ahogándose en mis jugos. ‘Ahora, fóllame.’ Me deslizo, coño tragando su polla entera. ‘¡Dios, qué prieta!’ Aprieto, cabalgo duro. Tetas saltando, pelo revuelto. ‘Más rápido… no pares.’ Cambio: perrito. ‘Métemela hasta el fondo.’ Él empuja, pero yo controlo: ‘Despacio… ahora fuerte. ¡Así!’
‘Quiero tu culo.’ Me echo gel, dedo en mi ojete. ‘Métela.’ Él duda. ‘¡Hazlo!’ Polla cabe, despacio. Duele rico, lleno. ‘Fóllame el culo, cabrón.’ Grito, él acelera. Sudor goteando, pieles chocando. ‘Me corro… ¡ahhh!’ Explotó en mi culo, caliente. Yo me froto el clítoris, orgasmo brutal, piernas temblando.
Caemos. Él jadea: ‘Ha sido… increíble.’ Yo sonrío, poderosa. Su polla flácida en mi mano. ‘Lo sabes, ¿verdad? Te he tenido como quise. Eres mío cuando diga.’ Beso su semen en mis labios. ‘Vuelve cuando mande.’ Me visto, pelo suelto, coño y culo palpitando. Salgo reinando. Él sucumbió total. Yo gané. Poder puro.