Cómo tomé el control y follé salvajemente con un desconocido en una boda

¡Joder, qué boda de mierda! Mi marido, el payaso de siempre, haciendo el ridículo con sus bailes patéticos mientras la música retumbaba. Yo, con ocho meses de embarazo, vientre enorme, tetas hinchadas y 25 kilos más, me sentía una diosa atrapada. Los invitados se sentaban, y ahí lo vi: un tío solo, guapo, en el fondo de la sala, rodeado de desconocidos mudos. Nuestros ojos se cruzaron. Bam. Chispa. Él me miró con curiosidad, yo con hambre. Sonreí, maliciosa. ‘Este es mío’, pensé. Su mirada me ponía cachonda, el calor de junio me hacía sudar bajo el vestido de premamá.

El menú empezó, mi marido seguía de ganso. Yo, ignorándolo, lanzaba miradas al desconocido. ¿Qué coño pasaba? ¿Quería ayuda o qué? No, yo quería acción. Decidí tomar las riendas. Cuando el camarero pasó con champán, garabateé rápido en una servilleta: ‘Ven fuera a fumar o charlar. Soy la embarazada de esa mesa. Coge agua en el bufé y sígueme. No le digas a nadie’. Le metí 10 euros y le susurré: ‘Dáselo a ese tío solo, sin decir de quién’. El tipo lo hizo perfecto, discreto. Mi corazón latía fuerte. ¿Y si se acojonaba? ¿Y si iba a por su mujer? Esperé, mordiéndome el labio. Minutos eternos. Entonces, él me miró fijo, se levantó y fue al bufé. Sonreí. ‘Buen chico’.

La decisión que cambió la noche: él sería mío

Salí primero, noche oscura, aire fresco. Él me siguió, nervioso. ‘¿Una copa?’, le dije, acercándome. ‘O… ¿un paseo?’. Su voz temblaba. ‘Por ahí, el camino es tranquilo’. Caminamos, pasando el parking. Unos tíos nos miraron, sabiendo que íbamos a follar. Me encantó. Orgullo de puta embarazada cazando presa. Le cogí la mano. Él la apretó. ‘¿Dónde lo hacemos?’, preguntó, excitado. ‘Aquí’, ordené. Lo besé voraz, metiendo mano en sus pantalones. Polla dura, lista. ‘Quítate todo’, le mandé, mientras me bajaba las bragas. Mi coño mojado palpitaba.

Lo empujé contra un árbol. ‘De rodillas’, le dije. Él obedeció, lamiéndome el clítoris. ‘Más fuerte, joder’. Gemí, agarrándole el pelo. Mi vientre rozaba su frente, caliente. Me corrí rápido, gritando bajito. ‘Ahora yo’. Me arrodillé torpe por el barrigón, pero lo chupé como una reina: lengua en el glande, garganta profunda. Él jadeaba. ‘Para, o me corro’. ‘No, tú esperas’. Me levanté, encontré una mesa de picnic cerca. ‘Túmbate’. Me subí encima, cowgirl dominante. Mi coño se tragó su polla entera. ‘¡Fóllame tú ahora!’, no: yo movía las caderas, rebotando, tetas saltando, leche materna goteando. ‘Mira cómo te monto, cabrón’. Él gemía, manos en mi culo.

El sexo sin límites: yo mandaba en cada embestida

‘Quiero tu culo’, murmuró. Sonreí. ‘Nunca con mi marido, es un torpe’. Me puse a cuatro, él lamió mi ojete, saliva chorreando. ‘Métela despacio’. Entró, apretado, delicioso. ‘¡Más fuerte!’. Me folló el culo salvaje, yo mandando el ritmo: ‘¡Así, no pares!’. Sentía su polla hinchada. ‘Córrete en mi coño, lléname’. Cambiamos, yo encima otra vez. Embestidas brutales, mi vientre aplastándolo. Él explotó dentro, semen caliente inundándome. Yo me corrí gritando, contracciones vaginales ordeñándolo.

Después, lo abracé, su cabeza en mi hombro. ‘Recoge mi ropa, mi semental’. Él: ‘Quiero verte más’. Sonreí, poderosa. Regresé sola, él desapareció. Al día siguiente, con mi marido de resaca, fui a su casa. Follando hasta que parí. Nos provocábamos en público, fingiendo pareja. ‘Si supieran que soy casada y me follo a este… qué puta soy, pero qué rico’. Quedé preñada otra vez, sedienta de más. Esa noche me abrió los ojos: yo controlo mi placer. Poder total.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top