Estaba en mi habitación, sola, con la ventana entreabierta. La noche de verano era pegajosa, el aire cargado de ese calor que te hace sudar. Lo vi. Al vecino. Ese tío alto, con músculos marcados, en su salón iluminado. Se tocaba la polla despacio, los ojos cerrados. Joder, qué polla más gorda. Sentí un cosquilleo en el coño. No, no iba a masturbarme yo sola esta vez. Él iba a ser mío.
Me levanté, me miré en el espejo. Camiseta ajustada, sin sujetador, pezones duros ya. Pantalones cortos que marcaban mi culo redondo. Sonreí. ‘Hoy mando yo’, me dije. Salí al pasillo, crucé el jardín compartido. El corazón me latía fuerte, pero no de nervios. De ganas. Llamé a su puerta. Golpe seco.
La decisión que lo cambió todo
Abrió en calzoncillos, polla medio tiesa aún. Sorprendido. ‘¿Qué… qué pasa?’, balbuceó. Lo miré de arriba abajo, lamiéndome los labios. ‘Entra’, no, yo entré. Cerré la puerta. ‘Te he visto. Tocándote. Ahora me toca a mí decidir’. Se quedó quieto, mirándome. Puse mi mano en su pecho, lo empujé contra la pared. ‘Quítate todo. Ya’. Dudó un segundo. ‘Pero…’. ‘He dicho ya’. Se los bajó, polla saltando libre, dura como piedra.
Lo besé fuerte, mordiendo su labio. Mis manos en su culo, apretando. ‘Te voy a follar como yo quiera. Tú solo obedeces’. Asintió, jadeando. Lo llevé al sofá, lo tiré. Me quité la camiseta, tetas al aire. ‘Míralas. Chúpalas’. Se abalanzó, lengua ansiosa en mis pezones. Gemí bajito. ‘Más fuerte, joder’. Le agarré la cabeza, guiándola.
Me puse de pie, me bajé los shorts. Coño depilado, ya mojado, labios hinchados. ‘Arrodíllate’. Obedeció. ‘Lámeme. Hazlo bien’. Su lengua tocó mi clítoris, despacio al principio. ‘¡Más rápido! Mete la lengua dentro’. Ahhh… sí, así. Sentía su saliva mezclada con mi leche, chorreando por mis muslos. Le cogí la polla, la apreté. ‘No te corras aún. Aguanta’.
El clímax bajo mi mando
No aguanté más. ‘Siéntate’. Me subí encima, coño abierto sobre su polla. La froté contra mi entrada, lenta. Él gemía. ‘Pídemelo’. ‘Por favor… fóllame’. Sonreí. ‘Bien’. Bajé de golpe, polla entrando hasta el fondo. ¡Joder, qué llena me dejó! Cabalgué fuerte, tetas botando. ‘¡Mueve las caderas! Sí, así’. Control total. Cambié: me puse de espaldas, culo en su cara. ‘Métemela por el coño, pero yo marco el ritmo’. Empujaba yo, él solo seguía.
Quería más. ‘Ahora el culo’. Escupí en su polla, lubricándola. Me apoyé en el sofá, culo arriba. ‘Despacio al principio’. Entró la cabeza… ahhh, ardor delicioso. ‘¡Más! Fóllame el culo fuerte’. Él obedecía, polla hundiéndose en mi ano apretado. Sentía cada vena, cada embestida. Me frotaba el clítoris, orgasmo subiendo. ‘¡Voy a correrme! No pares’. Grité, coño contrayéndose, culo apretándolo.
Lo tiré al suelo. ‘Ahora tú’. Me senté en su cara, coño chorreando en su boca. ‘Bébeme toda’. Él lamía desesperado. Su polla palpitaba. ‘Córrete en mi mano’. La pajée rápido, leche caliente salpicando mi piel. Él convulsionaba debajo de mí.
Me levanté, sudorosa, satisfecha. Lo miré, exhausto, polla flácida. ‘Ha sido perfecto. Justo como yo quería’. Me vestí despacio, él sin palabras. Salí, con esa adrenalina de poder. Joder, qué noche. Mañana, quizás repita.