Querido diario, ayer fue una locura. Sábado por la noche, Paul en su entrenamiento de fútbol. Yo, en bata blanca en la cocina, pero con la cabeza en otra parte. Me maquillé, me puse esa falda cortísima que apenas tapa nada. Le dije a Paul que iba a ver a Sarah, mi amiga de la uni. ‘Se la han dejado tirada, pobrecita’, mentí con una sonrisa. Él puso cara de niño bueno, pero accedió. ‘Todo el finde para nosotros’, le prometí. Mentira cochina. Iba a los muelles a por mi presa.
En el coche, lágrimas. Culpa. ¿Traicionar a Paul así? Pero algo en mí ardía. Blackbird, ese cabrón del chat, me había picado. Sus órdenes online me ponían cachonda, pero hoy… hoy yo mandaba. Aparqué donde dijo. Corazón a mil. Salida la sombra del almacén. Alto, fuerte. Golpeó el cristal. Bajé la ventanilla.
La Tensión y Mi Decisión de Mandar
—Buenas noches, Emma.
Su voz fría. Yo, temblando un poco.
—Buenas… ¿y ahora qué?
Me miró, esperando que obedeciera. Pero yo sonreí. Salí del coche, lenta. El aire húmedo de los muelles me erizó la piel. Luces de faros iluminándonos. Lo miré fijo.
—Mira, Blackbird… o como te llames. He venido. Pero no para tus jueguecitos. Hoy mando yo. Si quieres follar, aceptas mis reglas. Si no, me largo y borras todo.
Se quedó parado. Un segundo de sorpresa. Luego, sonrió. Le gustó el reto.
—¿Reglas? Dime.
—Pacto: haz lo que te diga, sin rechistar. Si paras, adiós para siempre. Si sigues, te follo como quiero. ¿Entendido?
Hesité un instante, pero mi coño ya chorreaba. Él asintió.
—Vale…
Lo empujé contra el capó. Caliente del motor. Le subí la camisa, le bajé los pantalones. Polla dura ya. La agarré fuerte.
—Quieta. Ahora te sientas ahí. Abre las piernas.
El Acto Brutal Bajo Mis Órdenes
Obedeció. Asiento en el capó, polla al aire, luces cegándolo. Yo me quité las bragas, saqué las bolas de geisha de mi coño. Mojadas, brillantes. Se las metí en la boca.
—Chupa. Prueba mi jugo.
Él babeó, gimiendo. Yo me subí encima, coño abierto sobre su cara.
—Lámeme. Hazme correr.
Lengua dentro, chupando clítoris. Gemí fuerte. ‘¡Más rápido, joder!’ Mis caderas restregando. Orgasmo brutal, squirt en su boca. Él tosiendo, tragando.
Ahora el acto. Lo tiré al suelo, asfalto frío y sucio. Rodillas en el barro, yo encima. Le monté a lo cowgirl, polla clavándose en mi coño empapado. ‘¡Fuerte! ¡Relléname!’ Rebotaba, tetas saltando. Manos en su pecho, uñas clavadas. Lo giré, levrette él. Le metí un dedo en el culo mientras lo follaba.
—Gime, puta. Di que eres mío.
—Soy… tuyo… ¡fóllame más!
Cambié. Boca en su polla, profunda, saliva goteando. Luego ano. Escupí, empujé. ‘¡Entra toda!’ Polla dura en mi culo apretado. Dolor-placer. Ritmo salvaje, palmadas en sus nalgas. ‘¡Córrete dentro!’ Él explotó, semen caliente llenándome. Yo me corrí otra vez, gritando.
Después, satisfacción pura. Él jadeando en el suelo, sucio de barro y semen. Yo de pie, falda subida, coño goteando. Poder total. Le tiré billetes.
—Para tus juguetes. Cuando yo diga, vienes.
Le besé la frente, monté al coche. Semen en mi barbilla, bolas en el culo aún. Llegué a casa, Paul durmiendo. Me miré al espejo: salvaje, poderosa. Follé con él esa noche, pensando en mi victoria. Adrenalina pura. Soy dueña de mi placer.