Me desperté con el sol filtrándose por la ventana de mi pisito en Melun. Primera semana aquí, joder, este frío francés me pone cachonda de puro contraste con mi Andalucía. Me miro al espejo, pechos firmes bajo la camiseta, culo redondo que grita ‘tómame’. Hoy voy a cazar. Bajo al andén, viento helado, bonnet blanco cubriéndome las orejas. Veo al tipo ese, écharpe azul, ojos perdidos murmurando solo. Raro, pero mono. Nariz roja del frío, sonrisa tímida. Me acerco.
—Disculpa, ¿este tren va a Gare de Lyon?
La conquista en el vagón: decido que es mío
Él gira, balbucea un sí. Le sonrío, dientes afilados, maliciosos. Me siento al lado, rozo su muslo ‘sin querer’. Huele a café y jabón fresco. Susurra algo de ‘mis colocs’, de voces en su cabeza. Gontrán, Roméo… qué coño. Me río bajito, pero dentro arde. Este va a ser mío. Le pongo la mano en la rodilla, aprieto suave.
—¿Colocs? Suena a que necesitas una jefa de verdad. Yo soy esa que manda.
Se sonroja, ehm… tartamudea. Perfecto. La tensión sube, su polla se nota endureciéndose bajo los pantalones. Le susurro al oído, aliento caliente:
—Hoy no trabajas. Vas a follarme como yo diga. ¿Entendido?
Asiente, ojos vidriosos. Dictamino reglas: nada de besos tiernos, solo obediencia. Mi coño palpita ya, jugos empapando las bragas. Bajo en Gare de Lyon, lo arrastro a un café cercano. Dos chupitos de algo fuerte. Luego, taxi a mi piso. Puerta cierra, click. Lo empujo contra la pared.
Ahora, el acto. Brutal, mío. Le arranco la camisa, botones saltando. Pecho lampiño, pezones duros. Bajo la cremallera, saco su polla tiesa, venosa, goteando precum. Gruesa, joder, perfecta para mí. La agarro fuerte, aprieto la base.
—Chupa mis tetas primero. Lento.
Se arrodilla, obediente. Lengua en mis pezones, mordisquea suave. Gimo, arqueo espalda. Le meto dedos en la boca, saliva chorreando. Me quito las bragas, coño depilado, hinchado, clítoris erecto. Le empujo la cabeza:
Follada brutal: yo mando, él obedece y explota
—Come mi coño. Hazme correrme.
Lengüetazos hambrientos, chupa el clítoris, mete lengua dentro. Sabor salado mío lo enloquece. Agarro su pelo, follo su cara. ‘¡Más profundo, cabrón!’ Orgasmo me sacude, piernas tiemblan, chorro en su boca. Él jadea, polla palpitando.
Lo tiro al sofá, monto encima. Guío su polla a mi entrada, húmeda, resbaladiza. Me hundo despacio, centímetro a centímetro. Llena, estira mis paredes. ‘¡Joder, qué prieta!’ gime él. Yo marco ritmo, subo-bajo, tetas botando. Aprieto Kegel, ordeño su verga.
—Gira, perrito. A cuatro patas.
Obedece, culo al aire. Escupo en su ojete, meto dedo, masajeo próstata. Él gruñe, polla gotea. La monto reversa, clavo uñas en sus nalgas. Cambio: lo pongo boca arriba, piernas sobre hombros, penetro profundo. ‘¡Fóllame más fuerte!’ pide. No, yo digo:
—No corras hasta que yo mande.
Acelero, coño chorreando, sonidos chapoteantes. Le aprieto huevos, siento hincharse. ‘¡Ahora, córrete dentro!’ Explota, leche caliente llenándome, gime como cerdo. Yo me corro otra vez, contracciones ordeñándolo todo.
Después, satisfaction pura. Él jadea exhausto, cuerpo sudoroso pegado al mío. Yo sonrío, poderosa. Lo he conquistado, roto sus barreras raras. ‘Eres mía cuando quiera’, le digo, besuqueo su cuello marcado por mis dientes. Se rinde total, ojos adoradores. Adrenalina de la caza, placer del dominio. Mañana, quizás repito. O lo dejo ir. Yo decido. Poder total, joder qué subidón.