Llegué a la casa de Melanie y Cédric en Bretaña un viernes lluvioso. La lluvia golpeaba las ventanas, pero dentro, el calor de la chimenea prometía fuego. Después de un día explorando bajo el ciré amarillo, volvimos empapadas. Cédric anunció: ‘Chicas, una hora para poneros sexys. Llega Jérôme’. Melanie me guiñó el ojo en el baño, desnuda, con su tatuaje de delfín en las nalgas brillando bajo el agua. Nos duchamos juntas, dedos resbalando, pero yo quería más. Esa noche, yo mandaría.
Nos vestimos como putas elegantes. Yo, con portaligas amarillo de satén, encaje dejando ver mi coño depilado, falda escocesa corta. Melanie en guêpière negra, tetas desbordando. Bajamos, sonó el timbre. Jérôme: rubio, ojos azules, pantalón de cuero, aire afeminado. Champagne fluyendo, buffet, música suave. Nos movíamos, mostrando ligueros, pollas endureciéndose. Cédric besó a Jérôme, lenguas enredadas. Melanie me besó a mí. Pero yo observaba a Jérôme, su cuerpo suave, imaginando mi coño apretando su polla. La tensión subió. ‘Eh… Jérôme’, le dije, voz ronca, ‘ven aquí’. Lo acerqué, mano en su cadera. ‘Esta noche, yo decido. Tú obedeces’. Sus ojos se abrieron, excitado. ‘Sí… lo que quieras’. Dicte las reglas: ‘Nada de prisas. Yo te follo primero. Siéntate’. La adrenalina me quemaba, él era mío.
La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío
Lo empujé al sofá, chimenea crepitando, olor a sexo en el aire. Le bajé el pantalón, su polla semi-dura, epilada, en un body de tul negro. ‘Mira qué polla bonita’, murmuré, lamiendo el glande salado. Cédric y Melanie miraban, pero yo ignoraba. ‘Quítate todo menos el portaligas’. Obedeció, temblando. Me subí la falda, string aparte, coño chorreando. ‘Abre las piernas’. Me senté en su cara, ‘Lámeme el coño, lengua adentro’. Su boca caliente, succionando mi clítoris hinchado, jugos en su barbilla. Gemí, ‘Más fuerte, joder’. Agarré su polla dura, masturbándola lento, venas pulsando. ‘No corras o te paro’. Lo monté, coño tragando su polla entera, ‘¡Ahh! Qué prieta estás’. Reboté, tetas saltando, controlando el ritmo. ‘Fóllame tú ahora, pero despacio’. Él empujaba, yo clavaba uñas en su pecho. Cambié: a cuatro patas él, yo con correa de Melanie ceñida. ‘Ahora mi turno de follarte el culo’. Lubricante frío, glande falso abriéndolo, él gimiendo ‘¡Sí, más!’. Lo penetré duro, palmadas en nalgas rojas, mi coño frotándose en su espalda. Él se corrió primero, leche caliente en mi mano. Yo seguí, orgasmos múltiples, gritando ‘¡Eres mío, cabrón!’.
Al final, exhaustos, sudorosos, él jadeando a mis pies. ‘Gracias… fue increíble’. Sonreí, poderosa, coño satisfecho palpitando. Tenía exactamente lo que quería: su sumisión total, placer bajo mis reglas. Melanie y Cédric aplaudieron, pero yo brillaba. Esa noche en Bretaña, con lluvia afuera, conquisté mi trofeo. Poder puro, orgasmo de control.