Estaba en el Club Med de los Alpes con mi padre y mi hermano pequeño. Diecinueve años, recién salida de exámenes en la uni, necesitaba aire puro. Pero joder, me sentía mayor para vacaciones familiares. Mi novio Charlie se quedaba solo en casa, y sabía que era tentador para otras. Alto, musculoso, sonrisa letal. Mis amigas babeaban por él.
Llegamos al hotel y ya dudaba. Al día siguiente, pistas de esquí. Papá y mi hermano volaban, yo acababa reventada. Cenamos con amigos de papá: dos parejas cuarentonas con niños. Mis ojos se clavaron en ella. Carolina. Ojos azules fríos y sedosos, maquillaje perfecto, sonrisa juguetona. Me miró, sonrió. Yo devolví el gesto.
La Tensión que Me Hizo Decidir: Ella Será Mía
Hablamos. Me preguntó por estudios, novio. Le conté de Charlie, pero yo solo miraba su boca carnosa. ‘¿Estás cansada?’, dijo con voz pícara. Su mirada me perforaba. Invitación para esquiar con ellos: no. Pero la noche fluyó, vino, charla. Subí a dormir pensando en ella.
Noche siguiente, bar del hotel. Ella baja sin marido, jeans ajustados, top negro, tacones. Bailamos. Whisky-coca. Calor subiendo. ‘¿Salimos a tomar aire?’, propone. Afuera, banco con vistas a pistas. Sacó un porro. Fumó largo, no me pasó. Se acercó, expulsó humo en mi boca. Su mano en mi nuca, lengua rozando labios. Frío noche, calor boca. Beso profundo.
Pero papá llamó. Me separé. Culpa por Charlie. La dejé ahí. Días sin verla. Pensaba en su coño, su piel. Planeé: sabía su rutina. Siesta a las 4, marido fuera. Toqué su puerta. ‘Entra, Oli’. Vestida casual en cama. ‘Quítate la ropa’, bromeó. Me besó vientre, bajó falda, tocó mi coño por el tanga. Me monté en ella, besos salvajes. Pero se fue riendo. Joder, me dejó caliente.
Cena familiar. Me senté a su lado. Charla banal. Deslicé mano en su rodilla. Subí muslo. Bajo cinturón. Dedo en su coño húmedo, rozando clítoris. Trastabilló palabras. Sonreí. La hice mojar más, mientras comíamos. ‘Quiero lamerte hasta que grites’, susurré. Retiró mi mano: ‘No aquí’. Me chupé dedo mojado. ‘Chalet en pistas, mañana’. Decidí: ahora mando yo.
El Placer Brutal Bajo Mi Mandato
Al día siguiente, excusa a familia. Llegué temprano al chalet aislado. Nieve fría, estrés. Ella vino. ‘¿Peligroso?’, pregunté. ‘¿Yo soy peligrosa?’, rio. Adentro, fuego crepitando. La abracé fuerte. ‘Hoy yo decido’, le dije clavando ojos. Beso mío, dominante. La empujé al sofá. ‘Quítate todo’. Obedeció, tetas firmes, coño depilado brillando.
La besé cuello, mordí pezones duros. Bajé lengua por vientre, lamí clítoris hinchado. Gime. ‘Abre piernas’. Dos dedos dentro, bombeando duro. ‘¡Más!’, suplicó. No. ‘Cállate y siente’. Chupé coño jugoso, lengua follándola. Ella temblaba. La puse a cuatro, nalgadas rojas. Dedos en culo y coño. ‘Vas a correrme cuando yo diga’.
La volteé, me senté en su cara. ‘Lame mi coño’. Lengua ansiosa, yo frotando clítoris en su boca. Grité orgasmo, jugos en su cara. Ahora ella: la até manos con mi bufanda. Vibrador de su bolso –sabía que traía–. Lo metí profundo, follándola salvaje. ‘¡Córrete para mí, puta!’. Gritó, squirt en sofá. Yo control total.
Después, abrazadas al fuego. piel sudada, olor sexo. ‘Eres mía’, le dije. Sonrió rendida. Bajamos. Último beso ascensor, números. Nunca llamé. Tenía lo que quería: su sumisión total. Poder puro. Adrenalina conquista, placer dominio. Charlie? Olvidado. Yo soy la que manda.