Zut, el teléfono justo cuando estoy viendo esa película. Suspiro hondo. Es Juan, mi ex. Le pido si puedo ir. Esta noche. Sí, después de las ocho. Cuelgo y me miro al espejo. Clara ha desaparecido hace dos meses, en Bretaña con ese idiota de Roland. Necesito ayuda, y Juan es el único sólido. Pero no voy a suplicar. Voy a tomarlo.
Llego a su piso en Rennes, llovizna fina, olor a mar lejano. Me abraza, besa tres veces. Entramos, se sienta en su mesa desordenada. Le cuento todo: el viaje con Michel, las fiestas locas en casa de Christiane y Patricia, cómo Clara se fue con Roland. Lágrimas me caen, pero no son de debilidad. Son combustible. Él me consuela, me pone mousse de chocolate. El vino me calienta la sangre.
La Tensión que Sube y Mi Decisión de Mandar
Me pongo nerviosa, eh… tartamudeo pidiendo ayuda para buscarla. Él duda, dice que es complicado. No, Juan. Yo decido. Me levanto, lo miro fijo. ‘Vas a ir a Bretaña por mí. Vas a encontrar a mi hermana.’ Sus ojos se abren. Me quito el jersey lento, sostén negro ajustado. Sus pupilas se dilatan. ‘Pero primero…’, susurro, ‘serás mío esta noche. Yo mando. Nada de ternuras de ex. Te follo como quiero.’ Él traga saliva, polla ya dura bajo los pantalones. Le ordeno: ‘Quítate todo. Ahora.’ Obedece, tieso como una vara.
La tensión me moja el coño. Siento el pulso en las sienes, el calor subiendo por el vientre. Le empujo al sofá, me subo encima a horcajadas. ‘No toques aún. Mira cómo me excito por ti.’ Me bajo las bragas, string de encaje, huelo mi propia humedad. Él gime, ‘Ana, por dios…’. ‘Cállate. Di: sí, jefa.’ ‘Sí, jefa.’ Sonrío, poder puro.
El Placer Brutal Bajo Mi Dominio Total
Lo monto salvaje. Agarro su polla gruesa, venosa, la apunto a mi entrada chorreante. Me hundo despacio al principio, sintiendo cada centímetro estirándome. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, gruñe. Acelero,盆盆 vaivén rápido, tetas rebotando contra su cara. Le pellizco los pezones, ‘Chúpamelos fuerte.’ Obedece, lengua áspera en mis pezones duros. Cambio ritmo, círculos lentos, apretando mi coño alrededor de su verga como un puño. Gime alto, ‘Ana, me vas a matar…’. ‘Eso quiero, que supliques.’ Le clavo uñas en el pecho, marcas rojas. Le ordeno darse la vuelta, perrito. Empujo sus nalgas, meto un dedo en su culo apretado. Se tensa, ‘¡Qué coño…!’. ‘Relájate, o paro.’ Se rinde, gime mientras lo penetro con dos dedos, follándolo con la mano mientras me froto el clítoris hinchado.
Vuelvo a montarlo, reversa ahora. Sus bolas chocan mi culo con cada embestida. Siento el orgasmo venir, oleadas calientes. ‘¡No corras aún, cabrón!’ Aprieto fuerte, ordeño su polla. Él ruega, sudado, piel salada en mi lengua. Me corro primero, grito ronco, jugos empapando sus muslos. ‘¡Ahora sí, lléname!’ Explota dentro, leche caliente inundándome, chorros potentes. Me quedo quieta, sintiendo pulsar.
Bajo, piernas temblando. Él jadea en el suelo, exhausto. Yo, erguida, desnuda salvo tacones, coño goteando semen. Limpio con dedo, se lo meto en boca. ‘Trágatelo.’ Obedece. Poder absoluto. ‘Mañana vas a Rennes, a Cancale. Encontrarás a Clara.’ Asiente, rendido. Sonrío. Tengo lo que quiero: su cuerpo, su promesa. Me siento diosa, invencible. Esta noche, yo gané. Totalmente.