Estaba conduciendo por la nacional, primavera, aire fresco entrando por la ventanilla. Me picaba la vejiga, así que paré en esa área de descanso rodeada de bosque. Solo dos coches: uno con un tío cuarentón, deportista, casado por el anillo que vi brillar; el otro, un moreno créole, alto y fibroso, hablando por teléfono. Me aparté un poco, salí, encendí un cigarro –no fumo dentro del coche, joder– y caminé hacia el sendero del bosque para mear tranquila.
Saco la falda, me bajo las bragas, y mientras el chorro caliente cae, siento ojos clavados en mí. Era el cuarentón, pasando ‘casualmente’ por detrás. Me miró el coño depilado, la polla se le marcaba en el pantalón de chándal. Sonrió, siguió. Uf, ese cosquilleo… recuerdos de mis conquistas pasadas me mojaron al instante. Termino, me subo las bragas, tiro el cigarro. Lo veo alejarse, girando la cabeza. Se para, mira hacia mí y se mete en el bosque por la izquierda.
La tensión que me encendió y mi toma de control
¿Seguirlo? La curiosidad y la calentura ganan. Camino, nerviosa, el corazón latiendo fuerte. Veo el senderito pisado en los matorrales. Dudo… joder, voy. Avanzo unos metros, y ahí está: apoyado en un árbol, frotándose la polla por encima del chándal, mirándome fijo. ‘Hola, guapa’, dice con sonrisa pícara. Me planto delante, lo miro de arriba abajo. ‘¿Te gusta lo que ves? Pues hoy mando yo. Sácala.’ Él obedece, bajándose el chándal. Polla gorda, rosada, cabeza morada ya hinchada. La agarro, dura, caliente. ‘Buena polla, casado. Pero yo decido cómo va esto.’
De repente, crujidos. El créole aparece por detrás, tocándose las nalgas. ‘¿Quieres unirte? Bien, pero mis reglas: yo soy la jefa.’ Les ordeno: ‘Pantalones abajo, ahora.’ Los dos con pollas tiesas, la del créole enorme, larga, venosa. Me mojo más, el coño palpita. ‘Tú, el casado, siéntate contra el árbol. Tú, el moreno, prepárate.’ Empujo al casado al suelo, me subo encima, falda arremangada, bragas a un lado. Su polla entra en mi coño chorreante de un golpe. ‘Ahhh, sí… fóllame despacio, como yo diga.’
El créole me agarra las tetas por detrás, polla rozándome el culo. ‘Capote, métetelo’, le digo. Obedece, saliva en la goma. ‘Ahora, métemela por el culo.’ Me inclino, polla del casado en el coño, y siento la cabeza gruesa abriéndome el ojete. Duele un poco, quema… ‘Despacio, joder… sí, así.’ Entra toda, me llena. ‘¡Folladme fuerte, pero yo marco el ritmo!’ Empujo caderas, arriba-abajo, pollas chocando dentro de mí separadas por una fina pared. Gemidos míos, suyos… ‘¡Más rápido, cabrones! Chupadme las tetas.’ El casado mama un pezón, el otro me pellizca el clítoris. El bosque huele a sexo, sudor, tierra húmeda.
El polvo brutal donde yo mandaba
Siento la polla del casado hincharse en mi coño. ‘No corras aún, resiste.’ Aprieto con los músculos, lo torturo. Él gime: ‘Por favor…’. ‘¡Cállate y fóllame!’ Cambio: bajo del casado, empujo al créole al suelo. ‘Ahora tú en mi coño, el otro en mi boca.’ Me monto en la polla créole, enorme, me estira el coño al límite. Chupo la del casado, salada, con pre-semen. La mama profunda, garganta apretada. ‘¡Mmm, buena polla… dadme todo!’ El créole empuja desde abajo, huevos chocando mi culo. Cambio posiciones: de rodillas, polla créole en coño, casado en culo. ‘¡Follad sincronizados, joder!’ Pollas entrando-salida, me corro primero, chorros calientes bajándome piernas. ‘¡Sííí, coño!’
El casado no aguanta: ‘Me corro…’. ‘¡En mi boca!’ La saco del culo, me la meto en la garganta. Jorra leche espesa, amarga, trago todo. El créole acelera: ‘¡En el culo, dentro de la goma!’ Siento pulsaciones profundas, me llena. Me corro otra vez, mano en clítoris, gritando. ‘¡Eso es, cabrones, me habéis follado como di yo!’
Nos limpiamos con hojas, jadeando. Les miro, sudorosos, pollas flojas. ‘Buen polvo, chicos. Ahora largaos.’ Vuelvo al coche, coño y culo palpitando, satisfecho. Me siento poderosa, invencible. Obtuve lo que quise: dos pollas a mis órdenes, placer total. Sonrío, arranco. Adrenalina pura, el bosque testigo de mi dominio.