Tomé el Control: Mi Conquista Sexual en el Castillo Helado

¡Dios, qué frío hacía ayer en el castillo! Todos se habían ido con el Padre Benito a esa procesión por mi ‘pureza’. Yo, sola, con Gahéris delirando de fiebre y dos guardias inútiles. Me quedé en la cama, eh… desnuda, untándome ese aceite perfumado que me recomendó la condesa vecina. Mis pechos brillaban, mi coño… ay, lo peiné despacio, tirando de los pelitos, recordando cómo me gusta sentirme suave pero salvaje.

De repente, ruido en el patio. Caballos relinchando, cascos en el hielo. Me pongo una capa rápida, pelo suelto, y bajo. Siete u ocho tíos mugrientos, polvorientos de barro. El líder salta del caballo, capa larga, barba espesa. ‘¡Señora, soy vuestro señor!’, grita con voz ronca. Lo miro fijo. No es mi marido, lo sé por los ojos… demasiado azules, demasiado hambrientos. Pero en vez de asustarme, siento esa chispa. Adrenalina. Voy a hacerlo mío. Yo mando hoy.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío

‘Venid, mi señor… herido decís’, le digo seductora, voz baja, agarrándole el brazo. Sus hombres se quedan fuera, él me sigue a la alcoba. Cierro la puerta. Se quita la capa, chausses bajadas, y ¡zas! Su polla semi-dura colgando. ‘Mirad esa herida en la ingle’, dice. Yo sonrío, me acerco lento. ‘Déjame ver… pero yo decido cómo curarte’. Mi mano roza su piel sucia, huelo a sudor y cuero. Él jadea. ‘Arrodíllate’, le ordeno suave pero firme. Parpadea, confuso. ‘¿Qué?’. ‘Shh, yo mando ahora. O te echo con tus perros’. Obedece, rodillas en el suelo frío. Tensión eléctrica. Mi capa cae. Desnuda ante él. Sus ojos se abren como platos en mi coño peludo, mis tetas firmes.

Lo empujo contra la cama. ‘Chupa mis pezones primero’. Se lanza, lengua torpe. Yo gimo, pero controlo: ‘Más despacio, cabrón, hazlo bien’. Siento su polla endurecerse contra mi muslo, palpitando. Perfecto. Ahora la fase mía. Le cojo la cabeza, pelo enredado, y la hundo en mi entrepierna. ‘Lame mi coño, hazme correrme’. Él obedece, lengua chapoteando en mis labios hinchados. Huele a mi excitación, jugos calientes. Yo me muevo, follando su cara. ‘¡Sí, así! Traga todo’. Grito bajito, orgasmo subiendo, piernas temblando.

El Acto Brutal Bajo Mi Mandato

No paro. Lo tiro de espaldas. ‘Ahora mi turno con tu polla’. La agarro, dura como hierro, venas gruesas. La escupo, chupo la punta, salada de pre-semen. ‘Mmm, grande… pero mía’. Lo trago entero, nariz en su pubis sucio, bolas pesadas lamiéndolas. Él gruñe, ‘¡Por Dios!’. Yo acelero, garganta profunda, saliva chorreando. Pero paro. ‘No corras aún’. Me subo encima, coño chorreante rozando su glande. ‘Te follo yo’. Bajo despacio, polla abriéndome, estirándome. ‘¡Joder, qué prieta!’, dice. Yo cabalgo salvaje, tetas botando, uñas en su pecho. Cambio: perra, él abajo quieto. ‘¡Folla hacia arriba, dame duro!’. Golpes profundos, coño apretando su verga. Sudor mixto, olores crudos. Lo giro, culazo al aire. ‘Ahora por detrás, pero yo digo cuándo parar’. Empujo contra su polla, él embiste obediente. Manos en sus huevos, apretando. ‘¡Córrete dentro, lléname!’.

Explota, semen caliente inundándome, yo tiemblo en otro orgasmo, paredes contrayéndose. Me aparto, jugos y leche goteando. Él jadea exhausto, mirada rendida. Yo sonrío, poderosa. ‘Vete con tus hombres, impostor. Has sido mío… y volverás si yo quiero’. Lo visto, lo echo. Puerta cierra. Me miro en el espejo, coño rojo, satisfecho. Esa adrenalina, verlo sucumbir… soy diosa. Poder total. Mañana, quizás lo llame de nuevo. Pero bajo mis reglas.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top