Hace meses que no nos veíamos. Le mandé un WhatsApp directo: ‘Hola. ¿Qué tal? Tengo ganas de follar. Esta noche, 19h. ¿Disponible?’.
Él respondió rápido: ‘Sí, claro’. Javier sabe que conmigo no hay medias tintas. Es casado, en pleno divorcio, pero eso me da igual. Yo decido. Anulé mi turno en la tienda de souvenirs cerca de la Puerta del Sol y me preparé. Bajé a la calle en mi barrio de Lavapiés, nerviosa por si algún vecino me veía. Llevaba un jersey blanco ajustado y leggings negros… nada debajo, claro. Pelo recogido, bolso con lencería y cosméticos.
La Tensión que Me Hizo Decidir Todo
Su coche, un SUV gris, aparcó cerca. Subí de un salto, beso en la mejilla, nada más. ‘Cuidado, no quiero que nos vean’, murmullé. En el coche, tensión pura. Él del trabajo, traje gris, corbata. Yo le miré la entrepierna. ‘Hoy mando yo, ¿eh? Vamos al hotel Bonsai, ya sabes’. Él asintió, aceleró hacia la M-30. Le cogí la mano un segundo, pero la aparté. ‘No toques aún. Espera’.
En un semáforo, me quité el cinturón y le besé fuerte, lenguas enredadas. Su barba raspaba mi piel suave… mañana tendré marcas. ‘Para, que nos ven’, dijo él. Sonreí. Llegamos al parking subterráneo del hotel. Recepción: el chaval nos miró sabiendo todo. Habitación espartana: cama grande, paredes blancas.
Él se lanzó a besarme, tirando de mi jersey. ‘No. Abre el cava que traes, chips y todo. Siéntate en la cama y espera’. Fui al baño, me puse mi body de encaje crema, demasiado pequeño para mis curvas, tetas 95C apretadas, medias y liguero. Maquillaje fresco: labios rojos, ojos ahumados. Salí… él me miró babeando.
Le di una copa, brindamos. Mordí una patata frita despacio. Su mano intentó colarse… yo la paré. ‘Ahora sí’. Le metí la mano por los pantalones, pillé su polla semi-dura. La apreté. ‘Mmm, ya crece’. Se la saqué, besé el capullo, lamí despacio. ‘Chúpamela bien, pero yo mando el ritmo’. La chupé hondo, saliva goteando, bolas peludas en mi boca. Él gemía: ‘Joder, Carmen…’. Tomé cava, lo escupí en su verga y lamí todo, dulce y salado.
El Placer Brutal que Dirigí Sin Piedad
Lo tumbé, 69 perfecto. Su lengua en mi coño depilado, húmedo ya. ‘Chupa el clítoris fuerte, así’. Metí dedo en su culo, protestó pero siguió. Yo cabalgaba su cara, jugos en su barba. ‘Ahora fóllame, pero como yo diga’.
Lo puse a cuatro patas no, yo encima. Me senté en su polla, empalándome lenta. ‘Agarra mis tetas, aprieta los pezones’. Reboté duro, coño apretándolo, clítoris frotando. ‘¡Más rápido!’. Grité mi orgasmo, temblando encima. Él al borde.
‘No corras aún. Quiero tu culo’. Me puse a cuatro, string bajado. ‘Primero coño, luego culo. Lubrica bien’. Entró en mi chocho, chapoteo fuerte, nalgas chocando. ‘¡Fóllame más hondo!’. Luego, dedo en ano, lo abrí. ‘Ahora métela ahí’. Entró suave, polla gruesa estirándome. ‘¡Sí, rómpeme el culo!’. Cabalgué atrás, él pidiendo más. Sudor, olor a sexo. ‘¡Córrete dentro, lléname!’.
Se corrió rugiendo, semen caliente en mis entrañas. Yo mandé todo: ritmo, posiciones, clímax. Él se derrumbó, exhausto. Yo, poderosa, con su leche goteando.
Se duchó rápido, queriendo huir. ‘Quédate’, dije juguetona. ‘No, tarde’. Se vistió, beso frío. Bajó solo. Yo me quedé en la cama, naked, acabando cava y jamón. Me toqué pensando en su polla… y en el próximo. Me corrí otra vez, sola, reina total. Poder puro, justo lo que quería. Él sucumbió, yo gané.