Hola, soy Alejandra, una morena de 1,64 con tetas firmes 90C y culo redondo que vuelve locos. Vivía en Strasbourg estudiando, saliendo de fiesta sin parar. Esa noche de viernes, hace dos años, me puse jeans ajustados, top escotado y tacones. Quedé con mis amigas Claudia y Marie en el Tiger W. Cenamos, bebimos vino brasileño, postres… ya íbamos alegres.
Fuimos al Avi, un bar pequeñito pero a reventar. Vodka con manzana, bailamos. Yo me movía como una diosa, sentía todas las miradas. Mis amigas se cansaron pronto, ‘estoy muerta’, dijo Claudia. ‘Yo me quedo, no voy a desperdiciar la botella’, les dije. Se fueron con besos. Yo sola, bailando, sudando, el alcohol me ponía a mil.
La seducción y mi decisión de dominar
Ahí los vi: dos tíos guapísimos, pelo rapado, cuerpos musculados, sonrisas de vicio. Mathieu, el alto, y Romain. Se acercaron bailando, se frotaban contra mí. Sus pollas duras rozándome el culo. Yo les sonreía, pero decidí: esta noche son míos. Les susurré al oído de Mathieu: ‘¿Queréis after en tu casa? Pero yo mando, ¿eh?’. Dudaron un segundo, ‘vale, reina’, rió él. La tensión subía, sus manos en mis muslos, yo les apretaba las pollas por encima del pantalón. ‘Vamos ya’, ordené cuando cerraron el bar.
Caminamos al piso de Mathieu, cerca. En el rellano, Romain me besó salvaje, su erección contra mi vientre. ‘Paciencia, que ahora os follo yo como quiero’, le dije mordiéndole el labio. Entramos, coquetísimo. Bebimos más vodka. Me senté en el sofá, ellos a cada lado. ‘Quitaos las camisas’, mandé. Obedecieron, mirándome con hambre.
Empecé besando a Mathieu, lengua profunda, mientras masajeaba la polla de Romain. ‘Desnúdate tú ahora’, le dije a Romain. Se bajó el pantalón: polla gorda, larga, sin pelos. ‘Mmm, buena pieza’, murmuré, empezando a pajearla lento. Mathieu me chupaba las tetas por encima del top. ‘Quítamelo todo’, ordené. Me quedé en bragas, coño depilado chorreando.
El sexo brutal donde yo mandaba
Me puse de rodillas: ‘Mathieu, túmbate’. Él obedeció, polla tiesa. Me senté en su cara: ‘Lámeme bien, hazme correrte’. Su lengua en mi clítoris, precisa, yo gimiendo ‘sí, así, joder…’. Mientras, chupaba la polla de Romain: lengua en el frenillo, tragándomela hasta la garganta, bolas en la boca. Él gemía ‘¡Dios, qué boca!’. Me corrí fuerte, gritando, empapándole la cara.
‘Ahora folladme como yo diga’. A Romain: ‘Ponte condón y métemela por detrás’. Doggy en el sofá, su polla gruesa abriéndome el coño, cacheteando mis nalgas. Mathieu delante, yo mamándosela profunda. ‘Folla más fuerte, Romain, ¡rompe mi coño!’. Él jadeaba, obedeciendo. Cambié: ‘Mathieu, tú ahora’. Me monté encima, cabalgándolo salvaje, tetas botando. ‘Chúpame las tetas’, mandé. Romain me metía dedos en el culo mientras. Orgasmos uno tras otro, yo gritando ‘¡Sí, sois míos!’.
Romain no aguantó: ‘Me corro…’. ‘En mi boca’, ordené. Tragándome su leche espesa, salada. Mathieu aceleró: ‘¡En las tetas!’. Chorros calientes cubriéndome. Nos derrumbamos, sudados, oliendo a sexo.
Al día siguiente, me vestí y me piré sin ruido. Sentí un poder brutal: los había usado como quise, los dejé secos. Nunca volví al bar ni les escribí. Ahora vivo con otro, pero esa noche… mmm, fue mi conquista total. Besos.