Ayer fue mi cumple de Julien en Londres. La primera noche ya fue fuego puro, pero hoy… hoy yo decidí todo. Me desperté con el coño palpitando, recordando su polla dentro de mí. Necesitaba más. Quería que este viaje fuera inolvidable, que él se rindiera por completo. Sonreí pensando en mi plan. Bloqueé dos horas en el spa: maquillaje sutil que hacía brillar mis ojos oscuros, y… épilation integral. Primera vez, todo liso, depilado hasta el último pelo. Sorpresita para él.
Encontré a Flavy, la masajista del día anterior. Conexión brutal. La invité a almorzar, le conté todo. Ella, con sus curvas voluptuosas, se encendió. ‘¿Quieres unirte?’, le dije. No dudó. Pelo wavy en la peluquería, perfume Libre en la piel, y de Victoria’s Secret: tanga negra de encaje, balconette que levantaba mis tetas generosas. Vestido negro ceñido, plisado, botones hasta abajo, que me marcaba el culo perfecto. Medias y botas altas con tacón. Mirándome al espejo… joder, estaba para follarme ya.
Tomando las Riendas: La Tensión que Construí
Dejé una nota: ’19h en el bar’. Julien llegó ansioso, rechazó pints con colegas. Pidió Chablis, perfecto. Entré, sentí ojos de tíos en mí. Él se giró, sonrisa lobuna, polla ya dura bajo el pantalón. Me acerqué, manos en sus caderas, nuca… beso largo, lenguas enredadas, saliva caliente. ‘Esta noche mando yo’, le susurré al oído. Tomamos una copa, charlamos poco. Taxi al cottage en las afueras: ladrillos rojos, bow window, luces tenues. ¿Libertinaje? No, mi sorpresa privada.
Entramos, abrigos fuera. Escalera al comedor negro total. Sentidos a tope. Mesa para dos, lado a lado. Vino a tientas, comida rara: texturas locas, risas nerviosas. Postre… me pegué a él, beso hambriento. Mano en su pecho, bajo… polla tiesa. Bajé bajo la mesa, abrí cremallera, bajé calzoncillos. La saqué, gorda, venosa. La masajeé, lamí el glande salado. ‘Shh…’, le dije. Boca abierta, tragué hasta la garganta. Vaivenes lentos, luego rápidos. Lengua en el tronco, bolas en la mano. Él jadeaba, mano en mi cabeza. Aceleré, aspiré fuerte. ‘Me corro…’, gimió. Chorros calientes en mi boca, tragué todo, lamiendo restos. Subí, sonriendo. ‘Aún no acabamos, amor.’ Llamé: ‘¡Listos para lo siguiente!’.
Pasamos a la sala contigua, olor a yoga, incienso. Oscuridad absoluta. Lo desvestí: solo calzoncillos. Mi turno: ‘Quítame el sujetador’. Tetas libres, pezones duros. Él los pellizcó, gemí bajito. Tanguita empapada. Peignoirs, mesa de masaje gigante. Entra Flavy. Beso con ella primero, lenguas jugosas. Luego a él: perfume familiar. ‘Es Flavy’, reí. Risas, nervios. Ella en camisón de seda, culotte floja.
El Acto Brutal: Dirigiendo Cada Empuje y Gemido
Boca abajo primero. Nos masajeó: manos expertas, aceite caliente. ‘Vuélvete, Magali’, ordené. Besó mis tetas, mamó pezones, bajó al vientre. Tanguita fuera, dedos en mi coño rasurado, resbaladizo. ‘Joder, qué mojada…’, murmuró. Lengua en el clítoris hinchado, dedos dentro, curvados. Me arqueé, gimiendo fuerte. Julien oía todo, polla explotando.
Él se levantó, detrás de Flavy a cuatro patas. Bajó su culotte de golpe, boca en su coño chorreante. Dedo en ano, otro en chocho. Ella chilló: ‘¡Sí, métemelos!’. Doble penetración digital, la hizo correrse temblando. ‘Ven aquí, Julien’, mandé. Flavy siguió lamiéndome. Él delante, saqué su polla, garganta profunda otra vez. Follando su boca con caderas. Flavy sentía mis contracciones. Corrí en su lengua, espasmos brutales.
Cambié juego: Julien tumbado, Flavy encima. Besos, yo los uní. Él mamó tetas enormes de ella. Mano en su coño. ‘Móntalo’, dije. Ella lo cabalgó, polla entrando fácil. Pero yo quería más. ‘A cuatro, Flavy. Julien, fóllatela por detrás’. Él obedeció, embistió duro. ‘Abre el culo’, le dije. Pulgar en ano, lubricado con saliva, ritmo con la polla. Yo besé a Flavy, tetas, clítoris frotado. ‘¡Más fuerte!’, grité. Ella explotó: ‘¡Me corro, coño!’. Julien la siguió, llenándola de leche caliente mientras yo le masajeaba el culo.
Agotados, risas, besos pegajosos. Yo en medio, mandona total. Supe que los tenía comiendo de mi mano. Poder puro, coño satisfecho. Esta noche fue mía, al 100%. Julien me miró: ‘Eres una diosa’. Sonreí. Lo soy.