Soy Sofia, 32 años, casada con un tipo que se jodió los huevos en un partido de rugby. Hace meses que no me folla, el médico dice que no hay esperanza. Pero yo no soy de las que esperan. Me aburro en este pueblo de mierda, así que cuando mi hermano Emile me pide que saque al chaval del internado los domingos, digo que sí. Ese crío de 18, con su uniforme azul marino, botones dorados y gorra, parece un soldadito virgen. Lo vi la primera vez y pensé: ‘Este va a caer en mi coño hoy o mañana’.
El domingo llega, lo recogen en la puerta del lycée. Sus amigos se mean de risa, él se pone rojo como un tomate. Yo, con mi abrigo negro ceñido, tacones altos y el pelo en moño alto, lo agarro del hombro y le planto cuatro besos en las mejillas, dejando rastro de pintalabios. ‘Perdona, guapo, no quería que te vieran’, le digo bajito, sonriendo. Caminamos de la mano, su palma suda. ‘¿Nervioso? Tranquilo, hoy mando yo’. En casa, mi marido Lucien me saluda con sorna: ‘El soldadito que tanto te gusta’. Toma café rápido y se pira al estadio. ‘Ayúdame con las cortinas del dosel, bricolador’, le ordeno, sentándome frente a él, cruzando las piernas. El roce de mis medias negras le pone los ojos como platos. Ve la piel blanca de mis muslos. Se le nota la polla dura bajo el pantalón.
La conquista: decido que es mío
Me acerco al sofá, cojo sus manos. ‘Mira, chaval, estoy harta de no tener polla. Tú eres joven, fresco… hoy vas a darme lo que quiero’. Le paso la mano por la bragueta, aprieto esa erección tiesa. ‘¡Joder, qué dura!’. Él tartamudea: ‘S-Sofia, yo… nunca…’. ‘Cállate. Reglas: yo decido todo. Tú obedeces’. Le beso cerca de la boca, saboreando su nerviosismo. Su olor a jabón de internado me excita. Lo abrazo contra mis tetas, él tiembla. ‘Tócalas’, le ordeno, guiando su mano al escote. Su piel en la mía… mmh, caliente. ‘Bien, así. Ahora, arriba, a arreglar el dosel’.
Subimos. Sus ojos clavados en mi culo bajo la falda corta. Le doy herramientas, él trepa al taburete. Yo subo detrás, mis manos en sus piernas. ‘Sujétame tú ahora’, dice él. Río: ‘No, yo te sujeto a ti’. Le rozo las nalgas, subo hasta su paquete. Se le escapa un gemido. Baja, mis manos resbalan por sus muslos hasta la piel suave arriba de las medias… espera, no, sus pantalones. Le bajo la cremallera un poco. ‘¡Quieto!’. Lo beso de golpe, lengua dentro, húmedo y salvaje. Sus manos aprietan mi culo. ‘Buen chico. Ahora, bailemos’.
El clímax: dirijo su placer sin piedad
Pongo el tocadiscos, un mambo latino. Bailamos pegados, mi coño contra su polla dura. Él jadea: ‘Sofia, no aguanto…’. ‘Aguanta, coño’. Cambio a slow, me pego más, siento su verga palpitar. Lo arrinono al sofá. ‘Quítate la polla ya’. La saco: gruesa, venosa, gota en el capullo. ‘Mmm, qué rica’. Le meto la mano entre las tetas, él masajea las mías. Desabrocho el sujetador, se las ofrezco: ‘Chúpamelas’. Sus labios en mis pezones duros… ay, sí. Le bajo los pantalones del todo. ‘Hoy no follo, tengo la regla, pero tu leche me la trago toda’.
Me arrodillo, lengua en el glande. ‘¡Joder, qué salada!’. Chupo despacio, lo miro: ojos de cachorro. ‘No corras aún, eh’. Subo y bajo, mano en las bolas, apretando suave. Él gime: ‘¡Sofia, me vengo!’. Le aprieto la base: ‘¡No!’. Vuelvo a mamarla entera, garganta profunda, saliva chorreando. Mis dedos en su culo, masajeando la próstata. Él tiembla, suda. ‘Ahora sí, córrete en mi boca’. Acelero, lengua en el frenillo, chupando como puta. Explota: chorros calientes, espesos, me lleno la boca. Trago parte, el resto se lo escupo en la lengua para que pruebe.
Me subo encima, beso profundo con su semen. Él jadea: ‘Ha sido… increíble’. Yo sonrío, dominante: ‘Lo sé. Te he hecho hombre. La próxima, inauguramos el dosel. Vuelve el domingo, mío eres’. Lo visto, lo llevo a la puerta. Siento el poder: lo he conquistado, usado, dejado adicto. Esa adrenalina… uf, me mojo solo de recordarlo. Él camina tieso, yo río. Perfecto.