Cómo lo seduje en una terraza y lo hice mío en un hotel

¡Joder, hay tardes que son puro fuego! Estaba paseando por esa calle peatonal en Provence, sol calentando la piel, platanes dando sombra. Lo vi ahí, en la terraza del café. Un tío madurito, unos treinta y pico, con su demi de birra, cigarrillos y móvil. Me miró justo cuando iba a dar un trago. Sus ojos… uf, se quedaron clavados. Sonreí, no pude evitarlo. Me acerqué riéndome bajito, él se giró confuso. Pasé rozándole el brazo, pedí lo mismo que él a la camarera. Elegí la mesa al lado, a un metro. Me quité el abrigo lento, sabiendo que mis tetas se marcaban bajo el jersey. Saqué mi tabaco, papeles, mechero… Igualito que él. Lo pillé mirándome el cuello, la nuque expuesta, pelo corto. ‘¿Qué miras tanto?’, le solté, voz juguetona, provocona. Se puso rojo, miró el móvil. Me levanté, fui a su mesa. ‘Se me ha acabado la batería… ¿me prestas el tuyo? Llamo a mi madre’. Agarré su teléfono, dedos rozando los suyos. Marqué mi número, vibró el mío. ‘¡Mierda, equivocado!’ Se lo devolví tocándole la mano otra vez. Volví a mi sitio, pero ya había copiado su número.

Empecé los mensajes. ‘Me gustas… ¿Cuántos años?’. Tardó, sudaba. ‘No se lo digo a desconocidas’. ‘Cuarenta… Cuarenta y cinco’. ‘¡Gracias! Solo tengo treinta y cuatro’. ‘¡Joder, pareces viejo! Me molan más maduros’. ‘¿Eliminado?’. ‘No, suerte, aparentas viejo’. ‘¿Casado?’. Silencio. ‘Temes a la mujer’. Pidió otra birra para los dos, la camarera sonrió pícara. ‘¿Engañas mucho?’. ‘Nunca’. ‘¡Me pone cachonda un tío fiel que voy a corromper!’. Me levanté, me arqueé sobre la mesa, foto de mis tetas, pezones duros asomando. Envío. ‘¿Te gustan?’. Luego, piernas abiertas, braguita al aire. ‘Ven, lobito. Te enseño a follar bien’. ‘Hotel detrás del parking. Habitación. Desnudo, a mi merced. Yo pago’. Se levantó, corrió. Lo vi pagar y entrar.

La toma de control en la terraza soleada

Le mandé los códigos. ‘Rápido, orgullosa de ti’. Se desnudó, ducha rápida, al lío entre sábanas. Yo pagué, subí sigilosa. Abrí la puerta del armario empotrado frente a la cama. Metí ropa, me escondí dentro, riendo sola, coño ya húmedo de la jugada. Esperé. Mensaje: ‘?’. ‘Estoy en la cama, desnudo’. ‘Yo también… desnuda, sola, pensando en tu polla’. ‘¡No vienes!’. ‘Pobre, llama y nos masturbamos’. Marqué su número desde dentro. Sonó… y sonó cerca. Salió disparado, abrió el armario. Ahí estaba yo, desnuda, tetas firmes, coño depilado reluciente. ‘¡Sorpresa, cabrón!’. Me tiré sobre él, lo empujé a la cama. ‘A cuatro patas, ahora’. Le chupé la nuca, mordí suave mientras le agarraba la polla dura como piedra. ‘¡Joder, qué tiesa! Mía’. La meneé fuerte, él gemía. ‘Chúpame el coño primero’. Me senté en su cara, froté clítoris en su lengua. ‘¡Más adentro, lame bien!’. Jugos por su boca, yo gimiendo alto. ‘Ahora fóllame’. Lo puse boca arriba, monté. Polla entrando de golpe en mi coño chorreante. ‘¡Sí, así! No te muevas, yo cabalgo’. Subí y bajé salvaje, tetas botando, uñas en su pecho. ‘¡Más rápido? Pídemelo’. ‘Por favor…’. Cambié, a lo perrito. ‘Dame azotes’. Le guié la mano, nalgas rojas. Empujé contra su polla. ‘¡Córrete dentro, lléname!’. Él explotó, yo apreté, orgasmo brutal, temblando encima.

Uf… Me aparté sudada, satisfecha. Él jadeaba, exhausto. ‘Has sido mío del todo. Te usé como quise’. Beso en la boca, mordida en el labio. ‘Vete ahora, fantasea conmigo’. Salí primera, adrenalina pura, coño palpitando aún. Poder total, él sucumbió. ¡Qué subidón verlos rendidos a mis deseos!

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top