Compartí suite nupcial y la hice mía: noche de control total

Ocho horas al volante, joder, no aguanto más. La radio solo habla de huelgas y atascos por toda Francia. Apago el aire, hace un calor de cojones. Me arrastro en este río de coches hediondos hacia el sur. Llevo una pieza frágil en el maletero, arte efímero para una fundición cerca de Figueras. Pero la frontera está bloqueada, gilets jaunes por todos lados. Salgo de la autopista, llamo al taller, me dan un hotel entre Nîmes y Montpellier. Veinte minutos más.

Llego, aparco el Kangoo verde en el último hueco. Silencio, cigarras zumbando. Calor pegajoso, sudada como un pollo. Me apoyo en el volante, frente en los brazos. Chemisier pegado a la espalda, falda arrugada. Oigo pasos en la grava. Me espabilo, cojo el bolso y corro a recepción.

La tensión que enciende el fuego

Allí está ella, delante de mí. Rubia menuda, vestido largo, jersey fino pese al bochorno. Mira mi reserva, pero la stagiaire dice que no hay habitaciones. La dueña llega, confirma mi email, pero solo queda una: la suite nupcial. King size, balneoterapia, sauna. Propuesta: compartirla gratis por su error.

La miro de reojo. Veintitantos, piel clara, ojos verdes juguetones, nariz mutina. Tetas libres bajo el marcel que deja ver al quitarse el jersey. Pezones duros, ehm… no es el frío. Siento un cosquilleo. Estoy harta, cachonda de la adrenalina. ¿Por qué no? Yo decido.

—Vale —digo, voz firme, cogiendo la llave—. Si el colchón es grande y cada una en su lado… pero yo elijo el mío primero.

Ella balbucea un sí, sonrojada. La sigo al pasillo, culo prieto bajo la falda. Entro, tiro el bolso. Ella duda en la puerta.

—Cierra y ven —ordeno, quitándome el chemisier. Quedo en sujetador negro, sudor brillando—. No muerdo… aún. ¿Te apetece un baño? Yo mando esta noche.

Sus ojos se abren, pero obedece. La tensión crece, aire denso. Me acerco, huelo su perfume mezclado con miedo y deseo. Le paso el dedo por el cuello.

—Quítate todo. Despacio. Quiero verte.

Tiembla, pero lo hace. Tetas pequeñas, perfectas, pezones rosados tiesos. Coño depilado, ya húmedo. La empujo al borde de la cama.

—Arrodíllate. Chúpame los dedos primero.

Succiona, mirada sumisa. Mi clítoris palpita. Esto es mío.

La tiro en la cama, boca abajo. Le abro las nalgas, lengua en su coño chorreante. Gime, eh… sí…

Follándola a mi ritmo

—Calla. Yo digo cuándo hablas.

Le meto dos dedos, bombeo fuerte. Se retuerce, moja las sábanas. La giro, monto su cara. Froto mi coño en su boca.

—Lame bien, puta. Hazme correr.

Su lengua torpe al principio, luego fiera. Me corro gritando, jugos en su barbilla. No para.

Ahora la pongo a cuatro patas. Le escupo en el culo, dedo dentro. Grita placer. Coño abierto, clítoris hinchado. Le meto la lengua profunda, chupo hasta que tiembla.

—Córrete para mí. Ahora.

Explota, cuerpo convulso. La ato con mi bufanda a la cabecera, tetas colgando. Le pellizco pezones, muerdo cuello. Le froto mi coño contra el suyo, clítoris contra clítoris, resbaladizo, brutal.

—Fóllame tú —suplica.

—No. Yo follo.

La penetro con tres dedos, pulgar en clítoris. Ritmo feroz, sudor goteando. Se corre otra vez, chillando mi nombre.

La desato, exhausta. Yo controlo el sauna después. Agua caliente, vapor. La lavo, dedos en su coño sensible. Otro orgasmo suave.

Yacemos en la cama king size, su cabeza en mi pecho. La he tenido como quise. Poder puro, coño satisfecho. Mañana, la frontera abierta, pero esta noche… mía total. Sonrío en la oscuridad. La conquista perfecta.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top