Tomé el control en la noche del bramido: mi conquista salvaje en Brenne

Estaba en la Brenne, ese paraíso de mil estanques al sur del Berry. Fin de verano, noche de bramido. Los ciervos rugían como posesos, hormonados hasta el límite. Yo, sola en mi coche, sintiendo esa energía primal en el aire húmedo. Adoro eso, la lujuria animal. De repente, veo luces parpadeando en la carretera estrecha. Un tío con su coche parado, capó abierto, maldiciendo en la oscuridad. Luna menguante iluminando su silueta frustrada. Sonrío. Esta noche, él será mi presa.

Me acerco caminando, mi cuerpo enfundado en esa combinación de látex negro que me marca cada curva. Pechos firmes, culo redondo, piernas largas. Él se gira, ojos como platos. ‘¿Problemas?’, le digo con voz baja, ronca. Se queda mudo, tartamudeando sobre la batería muerta, móvil sin señal. ‘Tranquilo, guapo. Yo me encargo’, respondo, rozándole el brazo. Siento su piel erizarse. Le ordeno: ‘Siéntate en el asiento del pasajero. No toques nada’. Obedece sin chistar. Abro el capó, finjo mirar, pero en realidad activo mi juguetito: un pulso electromagnético discreto. El motor arranca solo. ‘¡Joder!’, exclama. Yo río suave. ‘Ahora, agárrate. Vamos a escuchar el bramido de verdad’.

La decisión: él sería mío esa noche

Lo llevo al cruce forestal. Los ciervos braman cerca, crujidos de cuernos chocando. Me pego a él, mi mano en su cintura. ‘Siente eso… puro instinto’, susurro en su oreja, mordisqueándola. Él tiembla, polla ya dura contra mis muslos. ‘Esta noche mando yo’, le digo firme, girándolo hacia mí. ‘Quítate la camisa. Despacio’. Sus manos dudan, pero lo hace. Le bajo la cremallera del pantalón. ‘Buen chico. Mira cómo palpita tu polla’. La saco, dura como madera, venosa. La aprieto, él gime. ‘No corras. Vas a follarme como yo diga, cuando yo diga’.

Lo empujo contra un árbol, luna filtrándose entre ramas. Le bajo los pantalones a los tobillos. ‘De rodillas primero’. Él obedece, yo abro mi cremallera látex, exponiendo mi coño depilado, ya húmedo de anticipación. ‘Chúpame. Lengua profunda’. Su boca ansiosa lame, chupa mi clítoris hinchado. Gimo, agarro su pelo, follo su cara. ‘Más fuerte, joder… sí, así’. Siento su lengua torpe pero hambrienta, mi jugo corriéndole por la barbilla. Lo levanto. ‘Ahora, contra el árbol. Pies separados’.

El clímax: lo follé como quise, sin piedad

Me planto delante, le cojo la polla y la guío a mi coño. ‘Empújala toda, pero lento’. Entra apretado, estirándome delicioso. Empiezo a moverme, cabalgándolo de pie, mis tetas rebotando contra su pecho. ‘Fóllame duro ahora’. Él embiste, pero yo controlo el ritmo, clavándole uñas en el culo. Cambio: lo tumbo en la hojarasca húmeda. ‘Mírame’. Me monto encima, coño tragándosela hasta los huevos. Subo y bajo, girando caderas, mi clítoris rozando su pubis. ‘¡Más! ¡Joder, dame todo!’. Grita, suda, yo aprieto mis paredes vaginales, ordeñándolo. Le giro, levanto su culo. ‘Ahora por detrás’. Escupo en su ano, meto un dedo. ‘Relájate’. Pero no, lo quiero dentro otra vez. Lo penetro con mi coño en reversa, azotando sus nalgas. Cambio a su boca: ‘Chúpame el culo ahora’. Lengua en mi ano, yo me corro chorreando en su cara.

Lo pongo a cuatro, le monto como a un animal. ‘¡Bramarás para mí!’. Mi orgasmo explota primero, coño convulsionando, chorros calientes. Él no aguanta, polla hinchándose, pero yo aprieto: ‘¡No corras aún!’. Lo saco, lo apunto a mi boca. ‘Córrete aquí’. Chorros espesos, salados, trago todo, lamiendo hasta la última gota. Se derrumba, jadeando. Yo me levanto, látex cerrado, impecable. ‘Has sido bueno. Ahora, llévame a tu casa’. Él asiente, rendido.

Al día siguiente, en su cama, lo despierto con mi coño en su cara. Lo he conquistado total. Esa mirada de sumisión… poder puro. Obtuve todo: su polla, su alma, su voluntad. La Brenne me dio mi trofeo. Y volveré por más.

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