Tomé el Control Total: Mi Noche de Calores y Dominio Sexual

Estábamos en el labo de la Universidad de Hawái, yo, Gabriela, la asistente estrella del profesor. Él explicaba por qué no publicar ya nuestra droga, ‘Heat’. Esa mierda que desencadena celos en animales. Rats, gatos, vacas… todas en celo al instante. Yo ardía por dentro. Quería probarla en humanos. Simulaciones raras, curvas hormonales locas. ‘¿Y si funciona en nosotras?’, le dije. Él dudó. Pero yo ya lo tenía claro.

Cenamos en Micky’s, ese bar cutre cerca de la playa. Brisa del Pacífico, olor a sal y hamburguesas. Hablamos de feromonas, de cómo las hembras marcan territorio. Él metió la fiala en su bolsillo. Yo… lo miré fijo. ‘Tenemos que saberlo’. Saqué los cristales morados. Tres. Los disolví con saliva, metí el dedo bajo la mesa. Deslicé la mano por mi falda, abrí las piernas un poco… y los empujé directo a mi coño húmedo. Caliente ya. Se disolvieron en segundos. Él palideció. ‘¡Gaby, loca!’. Yo sonreí. ‘Ahora mando yo, profe. Tú solo mira cómo me pongo’. Sentí el pinchazo primero, como fuego en el útero. Luego, oleadas. Pezones duros, clítoris hinchado. Olía a sexo. Brisa me traía su aroma… y el de otros hombres en el bar.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío

Tres tíos nos miraban. Ojos vidriosos, pollas tiesas bajo pantalones. Me acerqué al profe, froté mi teta contra su brazo. ‘Sientes mi calor, ¿verdad?’. Él tragó saliva. ‘Gaby, vámonos’. Pero yo decidí. ‘No. Tú eres mío esta noche. Me follarás cuando yo diga, como yo diga. Nada de tonterías éticas’. Lo agarré del brazo, salimos. Esos cabrones nos siguieron. Peor para ellos. Corrí pegada a él, mi coño chorreando, brisa avivando el fuego. En una esquina oscura, los perdimos. Yo ya no aguantaba. ‘Llévame a tu bungalow. Ahora’. Él obedeció. Mi mano en su paquete, apretando. ‘Esto es mío. Prepárate’.

Entramos. Puerta cerrada. Yo lo empujé contra la pared. ‘Quítate todo’. Él tartamudeó, ‘Gaby…’. ‘¡Cállate y obedece!’. Me arranqué la falda, sujetador al lado. Tetas libres, pezones como balas. Mi coño… depilado, reluciente de jugos. Olía a puta en celo. Lo tiré al suelo, a cuatro patas. ‘Mírame’. Arqueé la espalda, abrí labios. ‘Chúpame primero’. Él se arrastró, lengua en mi clítoris. Gemí fuerte. ‘Más adentro, cabrón. Sabe a feromonas puras’. Lo monté en su cara, restregué hasta correrme. Chorros en su boca. ‘Buen chico’.

El Acto Brutal Bajo Mis Órdenes y Mi Triunfo

Lo volteé. Polla enorme, venosa, goteando. ‘Ahora fóllame, pero yo mando’. Me senté encima, coño tragándosela entera. ‘¡Joder, qué prieta!’. Cabalgué salvaje, tetas botando. ‘Más rápido. Golpea mi útero’. Él jadeaba, ‘No aguanto…’. ‘¡No corras aún!’. Cambié: de lado, perrito. Empujé culo contra él. ‘Fuerte, rómpeme’. Sentía cada vena frotando mis paredes. Orgasmo tras orgasmo, yo gritando. ‘¡Sí, así! Tu leche es mía’. Finalmente, ‘¡Córrete dentro!’. Él explotó, llenándome. Yo apreté, ordeñándolo todo.

Después, tumbados en el suelo del pasillo, sudor y semen por todos lados. Él jadeaba, exhausto. Yo… radiante. Poder puro. Lo miré. ‘Ves? Tomé el control y fue perfecto. Tú solo existías para mi placer’. Besé su cuello. ‘Y repetiré cuando quiera’. Sentí la conquista, la adrenalina. Mi coño aún palpitaba, satisfecho. Él era mío. Punto.

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