Tomé el Control Total: Mi Conquista en el Curso de Teatro

Lo vi en el primer día del curso de teatro. Pablo, joven, tímido, con esos ojos que se clavaban en mí sin querer. Yo, con 42, divorciada, jefa en una empresa de tech, delgada, atlética, pelo corto negro. Me sentía poderosa. Él me miraba como si fuera prohibido. Pero yo decidí: este chaval va a caer.

En el ejercicio del ascensor, subí con él. Espacio imaginario, apretados. Le pregunté: ‘¿A qué piso?’. Él, nervioso: ‘Eh… quinto’. Yo, sonriendo: ‘Yo voy al quinto también. A que me follen el coño hasta reventar’. La clase estalló en risas. Él se puso rojo, pero sus ojos… brillaban. Supe que lo tenía.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío

Esa noche, me dio su WhatsApp. Me escribió: ‘Lo de hoy fue… impactante’. Yo respondí directo: ‘Me gustó tu cara. ¿Quieres más?’. Hablamos. Le conté de mi divorcio, mi hijo, mi vida sin complejos. ‘La vida es corta, Pablo. Hay que follar’. Él: ‘Sí… tienes razón’. Tension. Yo mandaba.

Al día siguiente, en clase, lo toqué en una impro. Mano en su rodilla. ‘Ven a casa, escribimos un sketch para el final del curso. Tema: crisis de los 40 y deseo’. Él tragó saliva: ‘Vale’. Después del curso, lo llevé en mi coche. Silencio pesado, mi perfume llenando el aire. Llegamos a mi piso impecable. Hijo con amiga. Solo nosotros.

Vestí mi traje de oficina: falda lápiz, tacones altos, blusa seda. Me senté en el sofá, piernas cruzadas. ‘Siéntate’. Él obedeció. Brindamos con cava. ‘Ahora, improvisamos. Tú eres mi ex. Acabamos de vernos por primera vez post-divorcio’. Me acerqué. Mi aliento en su cuello. ‘Bésame’. Dudó. ‘Hazlo ya’. Nuestros labios chocaron. Yo controlaba el ritmo, lengua dominante.

Lo llevé a la habitación. ‘Quítate la ropa. Despacio’. Él temblaba. Yo me desabroché la blusa, dejando ver mis tetas firmes. ‘Arrodíllate’. Él lo hizo. Le abrí los pantalones, saqué su polla dura. ‘Buen chico. Ahora, vas a lamerme el coño hasta que yo diga basta’.

El Placer Brutal Bajo Mis Órdenes

Lo tiré en la cama. Me subí encima, coño mojado rozando su cara. ‘Lame. Usa la lengua bien adentro’. Gime, chupaba torpe al principio. Yo gemía fuerte: ‘¡Así, joder! Más rápido’. Le agarré el pelo, moviendo sus caderas a mi ritmo. Mi clítoris hinchado, jugos en su boca. ‘No pares o te castigo’.

Saciada la boca, bajé. Su polla tiesa, venosa. ‘Ahora me la metes. Pero yo decido cómo’. Me senté encima, cabalgándolo duro. ‘¡Fóllame fuerte!’. Subía y bajaba, tetas rebotando, uñas en su pecho. Él jadeaba: ‘¡Carmen, me vuelves loco!’. Yo: ‘Cállate y fóllame. Más profundo’. Cambié posición: de lado, yo atrás, guiando su polla dentro. ‘¡Así! Rompe mi coño’.

Lo puse a cuatro patas. No, espera. Yo a cuatro, pero mandando: ‘Cógeme por detrás, pero despacio al principio’. Entró, grueso, llenándome. Aceleré: ‘¡Dale, cabrón! Hazme correr’. Sudor, piel chocando, olor a sexo. Lo volteé, misionero con piernas en alto. ‘Mírame a los ojos. Córrete cuando yo diga’. Gemí alto, orgasmo explotando, coño apretando su polla. ‘¡Ahora! Lléname de leche’.

Se corrió dentro, temblando. Yo encima aún, sintiendo su semen caliente goteando. Me aparté, besándolo suave. ‘Buen chico. Hiciste lo que quise’. Él exhausto: ‘Eres increíble’. Yo, sonriendo, poderosa. Me duché primero, él esperó. Esa noche, follamos dos veces más. Yo dirigiendo todo.

Al día siguiente, caminé con piernas flojas, pero pecho alto. Lo conquisté, lo usé, obtuve mi placer exacto. Esa adrenalina de control… adictiva. Sigo viéndolo a veces, pero siempre bajo mis reglas. Soy la jefa en cama y vida.

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