Cómo Tomé el Control y Dépucelé al Hijo Virgen de Mis Vecinos

Hace unas semanas, bajo el sol abrasador de julio, vi a Gregorio, el hijo de los vecinos. Dieciocho años, un poco rellenito, nunca lo veo con chicas. Estaba cortando las setos en su jardín, sudando. Yo salí en bikini diminuto, me unté aceite por todo el cuerpo, lento, provocante. Sentí sus ojos clavados en mis tetas, en mi culo. Mi marido me miró, sonriendo. Sabía que yo quería esto: un puceau para mí, para mandarlo, para que pagara por mi coño.

Me tumbé boca abajo, quité el top, dejé que viera mis nalgas perfectas, la tira del tanga metida. Él tartamudeaba, no podía concentrarse. Cuando me acerqué, oliendo a aceite y sudor, vi su bulto. ‘Te gusta lo que ves, ¿verdad?’, le dije bajito. Se puso rojo. ‘No… eh… sí, un poco’. Sonreí. ‘¿Quieres que te enseñe lo que una mujer como yo sabe hacer? Pero pagas. Cincuenta por rápido, cien por la noche completa. Y mi marido graba, para que no abras la boca’.

La Decisión de Conquistarlo y Dictar las Reglas

Se quedó mudo. ‘¿Pagar? ¿Por… follarte?’. ‘Exacto, chaval. Eres virgen, lo sé. Yo te despierto, pero mando yo. ¿Trato?’. Dudó, tragó saliva. ‘Vale… la completa’. Le di mi número. Esa tarde, SMS: ‘Vengo a las nueve con pasta y condones’. Mi corazón latía fuerte, adrenalina pura. Me depilé el coño al cero, me puse lencería negra, portaligas, y un delantal blanco que tapaba lo justo delante, pero atrás… mi culo al aire.

Sonó el timbre. Entró nervioso, ojos como platos al verme. ‘El dinero’, ordené. Me lo dio, cien euros. ‘Condones’. Seis. Lo llevé al dormitorio, mi marido con la cámara lista. ‘Desnúdate’. Su polla flácida, pero grande. Me arrodillé, la agarré, la mamé despacio. ‘Relájate, cabrón. Vas a correrte ya, para durar después’. Se puso dura en mi boca, 20 cm. La chupé profunda, lengua en las bolas, hasta que gimió y explotó. Tragué su leche caliente, salada.

‘Ahora a mí’. Me quité el tanga, me abrí de piernas en la cama. ‘Chúpame el coño’. Dudó, pero lamía torpe. Lo guié: ‘Lengua en el clítoris, dedos dentro, así’. Gemí de verdad, mojada perdida. Su polla revivió. ‘Capote y fóllame’. Se puso encima, entró de un empujón. ‘Despacio al principio’. Me folló rápido, pero lo frené. Corrióse en dos minutos. ‘Normal para novato’, le dije, fingiendo gozo.

El Acto Brutal Bajo Mi Dominio Total

Lo dejé descansar, mamé la polla de mi marido delante de él, le hice una paja con tetas, hasta correrse en mi boca. Luego, 69 con Gregorio: mi coño en su cara, yo chupándolo. ‘Lame fuerte, mete dedos’. Me corrí gritando. Subí encima, capote nuevo, me empalé. ‘Ahora yo mando’. Cabalgué salvaje, girando caderas, frotando clítoris en su pubis. ‘Aprieta mis tetas’. Explosé de placer real, temblando.

‘¿Quieres levrette?’. Me puse a cuatro, culo alto. ‘Fóllame duro, solo tu placer’. Me taladró, agarrando caderas, pellizcando tetas, tocando clítoris. Gemí fuerte, él se corrió dentro del condón, gruñendo. Perfecto. Me vestí con bata de seda, tetas duras marcadas. ‘Te ha salido bien pagado, ¿eh?’. ‘Increíble… gracias’. Se fue, jurando secreto.

Mi marido me folló después, pero yo… yo era la reina. Ese poder, verlo rendido, su polla mía, el dinero en mi mano. Pura dominación. Aún me mojo recordándolo.

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