Entré en su cocina y lo vi ahí, jodido con ese exprimidor nuevo. Zumo y pulpa por todas partes, el cabrón sudando. Llevaba meses sin verlo, pero ese día… uf, algo se encendió en mí. Sonreí, narquiza. Cogí una naranja de la estantería, la partí en dos. Un gesto rápido, elegante, y el zumo fluyó limpio, fresco. Él me miró, hombros caídos. ‘¿Ves? Así de fácil’.
No vine por zumos, le dije. Quiero ayuda para mi novela. Sobre pollas, erecciones, corridas masculinas. Brutal, bestial. Él tragó saliva. ‘¿Estás listo para ser mi conejillo?’. Asintió, claro, quería recuperarme. Pero yo dicto las reglas: nada de sentimientos, solo ciencia. Tú obedeces, yo controlo. Siéntate en el sofá, ahora.
La conquista: decido que es mío
Piensa en porno, haz que tu polla se ponga dura. Vi su pantalón tensarse un poco. ‘No es tan fácil, Pat’, murmuró. Saqué las revistas porno de su escondite bajo los periódicos –conozco sus trucos–. Hojeó, nada. Impaciente, jugué con mi falda. ¿Qué te pone? ‘Tus bragas quitadas’. Perfecto. Salí al pasillo, me las arranqué calientes, húmedas ya de anticipación. Se las tiré. Boom. Su polla saltó, marcando el tergal. ‘¡Mira eso! ¿Duele así, sin follar?’. Él jadeó: ‘No duele… saberte desnuda debajo es… joder’. Más dura aún. Yo mandaba.
‘¿Puedes correrte solo?’. ‘No, necesito… mano’. Me acerqué, falda girando, rozando sus rodillas. Deslicé dedos en su slip, agarré esa polla gruesa, venosa. Caliente, palpitante. La apreté, subí y bajé lento. Espacio justo, pero la sentí crecer. ‘Recuerda Hungría, en el baño del restaurante. Tú en el trono, yo encima, tu polla en mi coño… y me meé encima mientras follábamos’. Sus caderas se movieron. ‘¡Joder, Pat!’. Primera chorreada, saqué la mano rápido. Leche espesa salpicó su slip. Huele, acerqué mi nariz: salado, macho. Mancha húmeda en pantalón. ‘Cuéntame qué pasa ahí abajo’. ‘Cala caliente… fría ahora, pegajosa en huevos, en el culo. Me encoge la polla, me siento sucio’. Reí. Qué poder.
Follada brutal bajo mis órdenes
Lo dejé secar, curioso. ‘Quédate así’. Caminó como pato a la ducha, puerta cerrada. Yo exprimí naranjas, zumo goteando. Salió en bata, fresco. Hora de mi turno. Levanté falda: coño depilado, mojado. ‘Mira el exprimidor’. Lo giré lento sobre mi clítoris, vibrando. Sus ojos clavados. Lo presioné en la raja, jugos mezclados. Gemí, arqueé. ‘Ahora fóllame, pero como yo diga’. Lo tiré al sofá, abrí bata: polla semi de nuevo. Me subí encima, coño chorreando sobre su verga. La guié dentro, honda. ‘¡Fijo las caderas!’. Cabalgué duro, tetas rebotando bajo blusa. ‘Más adentro, cabrón’. Sus manos en mis nalgas, pero yo ritmo: rápido, lento, apretando kegels. ‘¡No te corras aún!’. Sudor, olor a sexo. Le mordí cuello. ‘Ahora, dámelo todo’. Chorros calientes llenaron mi coño. Yo seguí, clítoris frotando, hasta correrme gritando, jugos por sus huevos.
Bajé, leche goteando mis muslos. Vodka en mano. ‘¿Ves? Nada entre nosotros ya, solo esto. Yo gano’. Él mudo, rendido. Me sentí diosa, poderosa. Esa adrenalina de conquista, de verlo suplicar con la mirada. Mi coño decidió todo. Y lo repetiría.