Tomé el control y me follé a dos tíos en la parroquia de Navidad

Me llamo Isabel, tengo 44 años, casada, tres hijos grandes, vida perfecta en mi pueblo provinciano. Catolica practicante, canto en la coral, mantengo el cuerpo con gimnasia. Pero mi marido Daniel, siempre trabajando, me deja seca. Hace un año que apenas me folla, y con el tratamiento hormonal, mis tetas han crecido a una 95C firme, y mi coño arde todo el día. Me masturbo pensando en ellos: Pedro, 70 años, jubilado jovial, y Olivier, 51, banquero elegante. Flirteamos en ensayos, pero yo decido que basta de juegos.

El concierto de Navidad en la iglesia a 30 km. Me preparo: voy al esteticista, me depilo el coño dejando solo una rayita mínima, liso y abierto. Porte-jaretelles blanco nacarado, medias negras con costura, tanga mínima de encaje que deja mi culo al aire, sujetador que deja ver pezones duros, falda de cuero cortísima, botas de tacón aguja, blusa blanca translúcida bajo chaleco negro. Canto como una diosa, sudando calor en el coño.

La tensión que me encendió y mi decisión de dominar

Después, en la sala parroquial, apuro copas con Pedro y Olivier. Siento sus ojos en mis jarretelles que asoman bajo la falda. ‘Venga, quitaos el chaleco y admirad’, les digo riendo, pero con voz firme. Me miran, pollas duras en pantalones. ‘No, primero yo mando. Cuando cerremos la sala, solos los tres, os enseño todo. Pero seguís mis reglas o nada’. La tensión sube, mi tanga empapada. Ordeno: ‘Pedro, cierra la puerta. Olivier, baja luces y pon música lenta’. Obedecen. Me quito el chaleco, tetas hinchadas, pezones pinchando la blusa. ‘Tocadme, pero suave, como yo diga’.

Los pego a mí, frotan sus pollas duras contra mi vientre y culo. ‘Sacadlas’, ordeno. Dos vergas: la de Pedro gruesa y venosa, la de Olivier más larga. ‘A vuestras rodillas’. Se arrodillan, obedientes. Les empujo cabezas: Pedro lame mi coño abierto, Olivier chupa tetas. ‘Más lengua en el clítoris, cabrones’. Gimo, controlo el ritmo, tiro pelo. ‘Ahora, chupad vuestras pollas mutuamente? No, yo las chupo primero’. Me agacho, engullo la de Pedro, saliva chorreando, luego la de Olivier, garganta profunda. ‘Mmm, qué ricas pollas para mi coño hambriento’.

El polvo brutal donde yo mandaba y ellos obedecían

‘Pedro, siéntate en la silla’. Me subo a horcajadas, guío su polla gorda en mi coño chorreante. ‘¡Joder, qué apretado!’. Cabalgo salvaje, tetas botando, clavo uñas en su pecho. ‘No te corras aún, resiste’. Cambio: levanto culo, ‘Olivier, métemela por detrás’. En levrette, me folla duro, Pedro me da polla en boca. ‘¡Más fuerte, destrozadme el coño!’. Cambio posiciones: yo decido. Pongo a Olivier boca arriba, me siento en su cara, ahogo con coño mientras Pedro me penetra. ‘Lame bien, lame mi leche’. Orgasmos míos primero: tiemblo, chorro en su boca.

‘Ahora, folladme juntos’. Pedro en coño, Olivier intenta culo pero ‘¡No, solo coño!’. Los alterno, pollas entrando-salida, mi jugo por muslos. ‘¡Corros ya, llenadme de leche!’. Olivier primero: chorro caliente inundándome, sale rebosando. Pedro empuja, mezcla leches, explota dentro. Grito gozando, coño palpitando.

Caemos exhaustos. Limpio con tanga perdida, vistiéndome rápido cuando llega el sacristán negro. Me guiña, toca tetas disimulado: ‘Vuelve con tres’. Sonrío dominante. En coche, coño goteando semen de dos, sonrío. Mandé yo, los hice míos, Daniel cornudo sin saber. Poder total, coño satisfecho. Quiero más.

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