Estaba en París, en casa de mi tía Gertrude. Una vieja loca con pasado de puta en un burdel de Geneviève. Me contó todo: cómo empezó como camarera, se folló a clientes por pasta gorda, se casó con un ricachón. Yo, española de pura cepa, fuerte y cachonda, escuchaba babeando. Quería eso: control, pollas a mis pies.
Llega Geneviève un sábado. Trae a Bertrand, calvo, traje impecable, sastre de Dior. ‘Para tomarte medidas, guapa’, dice ella. Entro al salón. Tía Gertrude sonríe: ‘Desnúdate, reina’. Corazón latiendo fuerte. Me quito todo. Quedo en bragas y sujetador. Ellas miran. ‘Todo, niña’, insiste Geneviève. Temblando un poco, suelto los tetones. Baja la tanga. Mi coño peludo al aire. Bertrand no pestañea, pero sus ojos… brillan.
La tensión sube: decido que es mío
Él se acerca con el metro. ‘Levanta los brazos’. Frota cerca de mis pezones. Se endurecen solos, eh… como putas traidoras. Mide la cintura, las caderas. Pasa el metro por mis muslos, roza el borde del coño. Siento su aliento caliente. ‘Ecarte las piernas’. Lo hago. Su mano tiembla levemente. Miente cuando dice que le van los tíos. Ese cabrón está duro, lo noto en sus pantalones.
Basta. Yo decido. Esta polla va a ser mía. Lo miro fijo. ‘Para, Bertrand. Ahora mando yo’. Él se queda tieso. Geneviève y tía arquean cejas. ‘Salid, chicas. Esto es mío’. Se van riendo bajito. Cierro la puerta. Me acerco a él, tetas bamboleando. ‘Quítate el traje. Quiero ver esa verga que escondes’. Dudó un segundo. ‘Pero…’. ‘¡Cállate y obedece!’. Se desabrocha. Polla gorda, venosa, ya tiesa como palo. La agarro. Caliente, palpitante. ‘De rodillas. Chúpame el coño primero’.
El polvo brutal: yo mando en cada posición
Él obedece. Boca en mi raja depilada después… no, espera, eso fue luego. Pero en mi mente ya lo veía. Le empujo la cabeza. Lengua dentro, lamiendo clítoris. Gimo fuerte: ‘Más profundo, joder’. Sabe a sal, sudor. Me corro rápido, chorro en su cara calva. ‘Buen chico’. Ahora el acto. Lo tiro al sofá. ‘Túmbate’. Me monto encima. Coño chorreando engulle su polla entera. ¡Pum! Hasta el fondo. Cabalga como amazona. Tetas saltando. ‘No te muevas. Yo follo’. Subo y bajo, aprieto con la concha. Él gime: ‘¡Dios, qué apretada!’.
Cambio. ‘A cuatro’. Lo pongo de perrito. No, yo decido posiciones. Le azoto el culo. ‘Métemela por detrás, pero lento’. Empuja. Polla gruesa abre mi coño. Detalles: el glande rozando paredes, jugos bajando por muslos. Sudor mezclado, olor a sexo crudo. ‘Más fuerte, pero cuando yo diga’. Grito: ‘¡Fóllame como puta!’. Orgasmos en cadena. Lo aprieto, ordeño su leche. ‘Córrete dentro’. Explota, semen caliente llenándome.
Me bajo. Él jadea, exhausto. Limpio mi coño con sus calzoncillos. ‘Vístete y lárgate. Mañana traes el vestido… y tu polla lista’. Sonrío. Poder puro. Lo vi rendido, ojos de perrito. Yo, la reina. Adrenalina de conquista, placer de dominar. Tía y Geneviève aplaudieron al salir. ‘Bien hecho, fiera’. Ahora sé: el mundo es mío. Coños como el mío mandan.