Tomé el control y lo hice mío: mi noche de conquista total

Estaba en mi finca, La Vulvinière, sola después de esa traición que casi me mata. Alban llegó por los trabajos comunitarios, ese ladrón que me salvó la vida. Alto, musculoso, con esa mirada de pícaro. Al principio, lo probé: dejé billetes y joyas tirados. No tocó nada. ‘Potiche’, dijo, guardándolos en un jarrón. Reí. Era honesto, y joder, qué atractivo.

Lo veía trabajar en el jardín, sin camisa, sudor resbalando por su pecho. Sus bíceps tensos, el sol pegando en su piel bronceada. Sentí ese cosquilleo en el coño, la adrenalina subiendo. ‘Esta noche es mío’, pensé. Yo, Rosa-May, la que siempre controlaba todo, iba a dirigirlo a él. Lo invité a cenar en el pabellón. ‘Quédate después’, le dije, mirándolo fijo. Él dudó, ‘Mademoiselle…’. ‘Cállate y sígueme’.

La decisión de poseerlo

Entré en su cuarto, cerré la puerta. Él de pie, nervioso. ‘Quítate la camisa’, ordené. Sus manos temblaron un poco. La piel húmeda aún del día, olor a hombre, a tierra y sudor. Me acerqué, toqué su pecho. Duro, caliente. ‘Ahora los pantalones. Todo’. Se bajó el bóxer, y ahí estaba: polla semi-dura, gruesa, venosa. ‘Buena polla, Alban. Pero hoy mandas tú… no, yo mando’. Él tragó saliva, ‘Sí… Rosa’. Le empujé a la cama. ‘Abre las piernas. No te muevas a menos que yo diga’.

Me quité el vestido lento, quedé en tanga. Mis tetas firmes, pezones duros. Me subí encima, froté mi coño mojado contra su polla. ‘Sientes cómo chorrea por ti? Eso es porque te voy a usar’. La cogí, la apunté a mi entrada. Baja despacio, centímetro a centímetro. ‘Joder… qué prieta estás’, gimió. Yo reí, ‘Cállate’. Empecé a moverme, cabalgándolo fuerte. Sus manos en mis caderas, pero yo las aparté. ‘No toques. Mira cómo te follo’.

Bajé, puse su polla en mi boca. Chupé el glande, salado de mi jugo. Lamí las bolas, pesadas, peludas. ‘Mmm… trágatela toda’, jadeó. La metí hasta la garganta, saliva goteando. Luego, ‘Come mi coño’. Me senté en su cara, ahogándolo en mi clítoris hinchado. Lengua dentro, lamiendo mis labios. ‘Más profundo, joder… sí, así’. Gemí, frotándome. Él jadeaba debajo, polla tiesa palpitando.

El clímax donde yo mando

Lo puse a cuatro patas. ‘Ahora yo detrás’. Escupí en su culo, metí un dedo. ‘Relájate’. Pero no, lo volteé. ‘De rodillas, fóllame el coño duro’. Entró de un golpe, chapoteando en mi humedad. Yo dirigía: ‘Más rápido… para… ahora lento’. Clavó uñas en mis caderas, pero yo mandaba el ritmo. ‘Voy a correrme… no pares’. Explosé, coño contrayéndose, chorros mojándolo todo.

‘Ahora tú’. Lo monté de nuevo, reverse cowgirl. Sus manos en mi culo, pero yo controlaba. Subía y bajaba, polla rozando mi punto G. ‘Córrete dentro, lléname’. Él gruñó, ‘Rosa… no aguanto’. Eyaculó fuerte, semen caliente inundándome. Sentí cada chorro, mi coño ordeñándolo.

Me aparté, semen goteando de mi coño. Él jadeante, mirada rendida. ‘Has sido mío, Alban. Y lo serás siempre que quiera’. Me sentía poderosa, invencible. Su polla flácida, marcada por mí. Lo besé, ‘Buen chico’. Esa noche, la conquista fue total. Él sucumbió, y yo, reinando.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top