Tomé el control y follé a nuestra invitada madura como una diosa

Mis amigos vinieron unos días a casa con su amiga Carmen, una mujer de sesenta tacos que se mantiene fina como un junco. Eh, yo siempre me fijo en las piernas de las tías, y las suyas… uf, galbe perfectas, duras. Llevaba faldas no muy cortas, pero cruzaba y descruzaba las piernas dejando ver muslos suaves, bronceados. Me ponía a mil.

Cada mañana bajo desnuda a preparar el desayuno, como siempre. Esa vez, abro las persianas del salón y ¡zas!, ahí está ella en camisón ligero, casi transparente. ‘Perdona, María, tenía que… ya sabes, pipí’. La habitación de invitados da al salón y al baño.

La tensión que me hizo decidir: ella sería mía

La miro de arriba abajo, sonriendo. ‘No te disculpes, guapa. Ese camisón te deja las piernas de infarto a la vista. Me encanta’. Ella me recorre con los ojos, deteniéndose en mis tetas, mi coño depilado. Siento la humedad subiendo. Me acerco, cara contra cara, aliento caliente. ‘Y tú, ¿qué miras tanto?’. Su pecho sube rápido. ‘Tú… estás…’. La cojo por la nuca, suave pero firme. ‘Shh. Hoy vas a ser mía. Ven’. La beso, lengua dentro, y ella gime bajito, se abandona. La arrastro a su cuarto, corazón latiendo fuerte. Adrenalina pura, la conquista me empapa.

Le quito el camisón de un tirón. Tetas altas aún, pezones duros como piedras. La tumbo en la cama. ‘Abre las piernas, Carmen. Quiero verte toda’. Bajo besos por su cuello, chupando tetas, mordiendo pezones. Llego a su triángulo gris, bien recortado. Abro sus labios, clítoris enorme, como un dedo gordito asomando. ‘Joder, qué polvazo’. Lo chupo, succiono fuerte, meto dos dedos en su coño chorreante. Ella jadea, ‘¡Ay, María, sí!’. Se corre rápido, temblando, gritando mi nombre.

Pero yo mando. ‘Ahora me vas a comer el coño’. Me subo a su cara, restregando mi clítoris en su boca. Ella lame torpe al principio, pero aprende rápido, lengua profunda. Me corro follándole la boca, ahogándola en mi jugo. ‘Buena chica’. La dejo jadeante, pero sé que esto es solo el aperitivo.

Le cuento todo a Juan al subir, detalles sucios: su clítoris gigante, cómo gemía. Él se pone duro al instante, pero no hay tiempo. En el desayuno, Carmen llega radiante, ruborizada. Nuestros amigos: ‘¡Estás guapísima! ¿Buenas sueños?’. Ella me mira, sonríe pícara: ‘Sí… sueños muy húmedos’.

Dirigiendo el placer: polla, coño y orgasmos a mi ritmo

Noche, solos con ella tras la cena. ‘Carmen, ¿te gustó el despertar?’, digo yo, mirándola fijo. Se sonroja. ‘Eh… fue… intenso’. Juan sonríe. Yo me levanto, cojo su mano. ‘Ven con nosotros. Esta noche mando yo. Te vamos a follar hasta que supliques’. La subo a nuestra cama, Juan detrás. La desnudo yo, besándola duro. ‘Túmbate. Abre’. Juan se desnuda, polla tiesa. Yo la guío: ‘Chúpale la polla mientras yo te como el coño’.

La pongo a cuatro patas. Juan le mete la polla en la boca, yo le como el culo y coño, lamiendo su clítoris hinchado. Ella gorgotea con la verga en garganta. ‘Ahora, Juan, fóllatela por detrás. Yo quiero su lengua en mi coño’. Cambio: ella me lame a mí en 69, Juan la penetra despacio. ‘¡Más fuerte, joder! Hazla gritar’. Él acelera, polla entrando y saliendo de su coño empapado, bolas golpeando. Yo le pellizco tetas, ‘Córrete, puta, córrete en su polla’.

Ella explota, chillando. Yo: ‘Sácala, Juan, dame esa leche en la boca’. Él sale, se corre en mi lengua, y se la paso a ella en un beso baboso. ‘Ahora yo’. Monto a Carmen, frotando coños, clítoris contra clítoris. Juan nos mira, pajéandose. La hago correrse tres veces más, gritando ‘¡María, joder, sí!’. Al final, la penetro con un dedo mientras Juan la folla el culo suave. ‘Córrete dentro, amor’. Él gime, llenándola. Yo me corro viéndola desfallecer.

Nos derrumbamos. Ella: ‘Dios… nunca tan bien follada’. Yo sonrío, poderosa. Obtuve todo: su sumisión, sus orgasmos, el control total. Mañana se va, pero promete volver. Sola, para mí.

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