Esta mañana me desperté con Irul a mi lado, su mano en mi cadera escamosa. Sus dedos rozaban las escamas, suaves como seda áspera. Siempre él mandando. Pero hoy… hoy algo rompió dentro. Recordé flashes: yo, arqueóloga en la jungla, antes de su maldita túnica que me convirtió en esta lamia. Mi cola gigante, mi piel brillante. Él me folla rápido, se corre y se va. Basta. Lo miré fijo. Sus ojos se abrieron. ‘Selena…’, murmuró. Sonreí, lenta. Mi cola se enroscó alrededor de su pierna, apretando suave. ‘Hoy no, amor. Hoy mando yo’. Sentí la adrenalina subir, mi coño ya húmedo palpitando. Él tragó saliva. Tension en el aire, espeso como niebla de cueva. Me acerqué sinuosa, pecho erguido, écailles brillando al sol. ‘Quítate el cubrecama. Quiero verte entero’. Dudó un segundo. Mi cola subió por su muslo, rozando su polla que ya endurecía. ‘Obedece’, siseé, voz grave, animal. Él se incorporó, desnudo, polla semi tiesa. Perfecto. Le puse una mano en el pecho, empujándolo suave contra la cama. ‘Tú te quedas quieto. Yo decido cómo, cuándo y dónde’. Sus ojos brillaban de deseo y miedo. Me encantaba. ‘Voy a hacerte mío. Vas a suplicar por más’. Mi cola lo enrolló por la cintura, inmovilizándolo. Él jadeó. Yo controlaba todo.
Me subí sobre él, rodillas a sus lados. Mi coño rozó su polla, caliente, mojada. ‘Mira cómo te deseo… pero a mi ritmo’. Bajé la boca, lamí su glande, salado, hinchado. ‘Mmm, qué rica tu verga’. La chupé hondo, garganta apretando, mi lengua serpenteando alrededor. Él gimió, ‘Selena, por favor…’. ‘Silencio’, ordené, mordiendo suave el tronco. Mi cola lo apretó más, sintiendo su pulso acelerado. Lo solté, saliva goteando. ‘Ahora vas a lamerme a mí’. Me giré, coño en su cara, escamas frías contra su piel caliente. ‘Lame, chupa mi clítoris. Hazme correrme primero’. Su lengua entró, torpe al principio, luego ansiosa. Gemí, ‘Sí, así… más profundo, cabrón’. Ondas de placer subían por mi cola, vibrando. Me corrí fuerte, jugos en su boca, gritando ‘¡Joder!’. No le di respiro. Me volví, montándolo. Su polla dura como piedra entró en mi coño reptiliano, apretado, escamoso por dentro. ‘¡Fóllame tú? No, yo te follo’. Reboté salvaje, tetas balanceándose, uñas en su pecho. Mi cola lo azotaba el culo, metiendo la punta en su ano. ‘Siente mi poder’. Él gritaba, ‘¡Selena, me matas!’. Aceleré, coño chupando su verga, ordeñándola. ‘Córrete dentro, lléname’. Explotó, semen caliente inundándome, yo vibrando en otro orgasmo, cola convulsionando.
La Decisión de Conquistar y Mandar
Me quedé encima, su polla aún dentro, flácida ahora. Lo miré, sudoroso, rendido. ‘Eso fue mío. Todo’. Bajé, besándolo posesiva. Mi cola lo soltó despacio, dejando marcas rojas. Él suspiró, ‘Eres… increíble’. Sonreí triunfante. Sentí el poder correr por mis venas, como veneno dulce. Ya no su esclava. Mi cuerpo lamia, mi deseo salvaje. Él sucumbió totalmente. Yo obtuve todo: su sumisión, su semen, su alma. Adrenalina pura, coño satisfecho palpitando. Mañana? Quizás lo comparta con otros. Pero hoy, soy diosa. Reina absoluta.