Tomé el Control Total: Mi Conquista Ardiente en el Gimnasio

Ayer en el gimnasio, después de sudar dos horas en bici y pesas, me metí al sauna para relajarme. Estaba sola, exhausta, con los ojos cerrados… Hasta que sentí una caricia en el pie. Subía por mi pantorrilla, mi muslo. Un dedo en mi cuello, en mis labios. Abrí los ojos: él. Alto, mirada verde, sonrisa pícara.

—Shh —susurró.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío

No tuve miedo. Solo ganas. —Otra vez —le pedí, cerrando los ojos. Sus manos exploraron mi piel húmeda, se colaron bajo el bikini. Pizca en los pezones duros, dedo en mi coño mojado. Me corrí rápido, gimiendo bajito, vibrando contra su toque. Pero no lo dejé ir más allá. Solo un beso y —Ciao, guapo—.

Hoy volví. Lo vi en las bicis, pedaleando fuerte. Me subí a una cerca, fingiendo no verlo. Él se acercó por detrás, manos en mis pesos. —Hola. Te estás forzando mucho.

—Ayúdame entonces —le dije, sonriendo con malicia. Terminamos, y él: —Voy al sauna.

Lo seguí. Entramos al de hombres, desnudos. Me reí de mi error del día anterior. Él gritó: —¡El hombre más feliz!

Salí corriendo, pero lo esperé fuera. Me tomó la mano. —Ven, sigamos ayer.

Vivía cerca. En el ascensor, puertas cerradas, lo empujé contra la pared. —Hoy mando yo —le dije, besándolo con hambre. Bloqueé el botón de parada. Mis manos en su polla, ya dura, palpitante. La saqué, gruesa, venosa. —Vas a follarme como yo diga.

El Sexo Brutal Bajo Mis Órdenes

Lo volteé, pero no. —De rodillas primero —ordené. Él obedeció, ojos ansiosos. Lamí su polla desde la base, chupando las bolas, garganta profunda. Gemía, —Joder, qué boca…—

Me puse de pie, saqué mi tanga. —Chúpame el coño. —A cuatro, lengua en mi clítoris hinchado, dedos dentro. Me corrí en su cara, apretando su cabeza.

La tensión explotaba. Lo quería mío, rendido. Sus manos temblaban queriendo tocar, pero —No toques sin permiso —gruñí. Lo empotré contra la pared, montándolo. Mi coño tragó su polla entera, hasta el fondo. Cabalgué duro, pechos rebotando, uñas en su pecho. —¡Fóllame más fuerte! —exigí, clavándome yo misma.

Cambié: lo tiré al suelo del ascensor, piernas abiertas. —Entra despacio, siente cómo te aprieto. —Gemí al sentirlo hincharse dentro. Ritmo brutal, mi clítoris frotando su pubis. Sudor, olor a sexo crudo. —No corras aún, cabrón. Dame otro orgasmo. —Aceleré, contrayendo el coño, ordeñándolo. Él jadeaba, —Me vas a matar…

Lo volteé a cuatro, azoté su culo. —Ahora yo te follo. —Monté su polla al revés, control total, subiendo y bajando, bolas golpeando mi culo. Grité al correrme, chorros calientes. Solo entonces: —Córrete dentro, lléname. —Su leche caliente inundó mi coño, pulsando.

Reímos, vestidos a prisa. Ascensor arriba. En su piso, una vecina mayor nos miró mal. Entramos a su casa chic, cóctel rápido. Pero ya había ganado. Lo besé suave. —Fue perfecto. Tú, mío.

Me fui con el poder en las venas. Él sucumbió total, como quería. Esa adrenalina de conquistar, dirigir cada embestida, cada gemido… Orgasmos míos primero, siempre. Poder puro, coño satisfecho. Volveré por más.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top