Mi marido es un cabrón. Me pone los cuernos a dos cuadras de casa. Email rebotado en su puta ordenata. ‘Mi coqueta favorita, habitación 33, apaga la luz, entra… Tu patito espera’. Joder, ni disimula. Yo, con confianza ciega siempre, pero el sexo con él… apagado últimamente. Decidí ir. Sorprenderlo. Pero no para gritar. No. Para tomar el control. Vestirme de puta con su regalo y hacerlo mío.
Llego al hotel. Portador me da la llave. Habitación 33, cutre pero con todo: sujetador abierto en los pezones, tanga de hilos, portaligas, medias de rejilla, pinzas para tetas. Me lo pongo. Mmm… Ajustado perfecto. Espejo: tetas altas, culo expuesto, coño listo. Me excita. Me siento poderosa. Golpes en la puerta contigua. ‘¡Coucou! ¿Estás ahí, mi puta? Apaga la luz, patito espera’.
La Decisión de Tomar las Riendas
Apago. Oscuridad total. Hiempre noche, persianas cerradas. Abro la puerta. Manos fuertes me agarran. Cuerpo desnudo, caliente, contra mi espalda. Polla dura rozándome el culo. ‘Déjate llevar, no te arrepentirás’. Intenta taparme la boca con una bola. Pero yo… paro su mano. ‘Espera, cabrón. Esta noche mando yo. Tú eres mi juguete. Siéntate en la cama. Ahora’. Voz firme, aunque tiemblo un poco de adrenalina. Él duda. ‘¿Qué…?’. ‘Silencio. Obedece o me voy’. Lo empujo. Siento la cama crujir. Victoria.
‘Tócate la polla mientras yo hablo. Dime lo cachondo que estás’. Lo oigo jadear, piel contra piel. ‘Joder, sí… Dura como piedra’. ‘Bien. Ahora, lame mis botas… no, espera, quítamelas con la boca’. Me acerco, guío su cabeza. Lengua torpe, pero obediente. Sube por mis muslos, rejilla rasgándose un poco. ‘Para. Chúpame el coño primero. De rodillas’. Me siento en su cara. Boca hambrienta. Lengua en mi clítoris, chupando fuerte. ‘¡Más adentro, joder! Usa los dedos’. Gimo, controlo el ritmo, muevo caderas. Mojada ya, chorros en su barbilla.
El Placer Bajo Mi Mandato
Lo empujo al suelo. ‘Manos atrás’. Le pongo las esposas yo misma. Pinzas en mis pezones, duele delicioso. ‘Ahora fóllame la boca’. Me arrodillo, pero yo guío: polla gorda, venosa, más grande que la de mi marido. La trago profunda, garganta abierta. Babas cayendo. ‘¡No corras aún, resiste!’. Lo torturo, succiono el glande, huevos en mi mano apretando. Él gruñe: ‘Por favor…’. ‘No. Tú esperas mi orden’.
Lo monto. Coño empapado engulle su polla entera. ‘¡Fóllame duro, pero yo marco el paso!’. Subo y bajo, tetas botando, pinzas tirando. Giro, espaldas a él, culo rebotando. ‘Méteme dedos en el culo mientras’. Dos, tres. Abierto, lubricado por mi flujo. Cambio posición: lo pongo a cuatro, yo detrás con la mano en su polla, masturbándolo mientras le meto dedo en el culo. ‘¿Te gusta, patito?’. Él gime sí. Luego, anal: me echo lubricante de la mesita, me siento en reversa. ‘¡Lento al principio, luego ramming!’. Su polla parte mi culo, llena, quema. Yo bajo fuerte, controlo profundidad. ‘¡Más, joder, rómpeme!’. Clímax sube, contraigo ano, ordeño su verga.
Grita: ‘¡Me corro!’. ‘¡Dentro, lléname el culo!’. Jets calientes, rebosan. Yo exploto también, temblores, coño palpitando sin tocar. Lo dejo exhausto, semen goteando. ‘Buen chico. Vuelve a tu agujero’. Salgo, libre, poderosa. En casa, marido llega tarde. Duermo fingiendo. Mañana: ‘Tarde anoche…’. ‘Sí, imprevisto’. Sonrío interior. Sé su secreto. Pero ahora, yo decido el próximo juego. Él sucumbió sin saber quién mandaba. Poder total. Quiero más.