Tomé el control en nuestra isla: la hice mía con furia y placer

Estábamos en esa puta isla de las Baleares, solas después del naufragio. Yo, fuerte como siempre, con mi piel morena curtida por el sol, y ella, Vanna, esa mulatita menuda con ojos verdes que me volvía loca. Habíamos sobrevivido juntas meses, cazando, follando el hambre, pero yo quería más. Quería controlarla, hacerla mía del todo. Esa noche, junto a la hoguera en la cueva, la miré fijo. Su cuerpo desnudo brillaba con sudor, pechos pequeños duros, ese culito firme. ‘Vanna, ven aquí’, le dije con voz ronca, segura. Ella dudó, mordiéndose el labio. ‘¿Qué pasa?’, murmuró, temblando un poco. Me acerqué, le agarré la barbilla. ‘Hoy mando yo. Tú harás lo que te diga. Si no, te dejo sola con tu calentura’. Sus ojos se abrieron grandes, pero vi el deseo. La tensión subía, el aire olía a sal y a su coñito húmedo. Le pasé la mano por el vientre, bajando lento. ‘Quítate las manos de ahí, déjame tocarte’. Ella jadeó, ‘Sí… pero despacio’. ‘No, puta. Rápido. Abre las piernas’. La empujé contra la roca, mis dedos rozando su raja ya mojada. ‘Vas a suplicarme, vas a correrme en mi boca’. Ella gimió, ‘Carmen… por favor’. Yo sonreí, adrenalina pura. Era mía.

La tumbé en la esterilla de hojas, piernas abiertas como ordené. ‘Mírame mientras te como el coño’. Bajé la cabeza, olía a mar y a hembra en celo. Lamí su clítoris hinchado, chupándolo fuerte. ‘¡Aah! Carmen, duele… rico’, balbuceó. Metí dos dedos en su chochito apretado, bombeando duro, sintiendo cómo se contraía. ‘Más, ¿quieres mi puño?’. Ella arqueó la espalda, ‘¡Sí, jódeme!’. Le di la vuelta, culito en pompa. Escupí en su ano, metí un dedo, luego dos. ‘Relájate, zorra, o te rompo’. Follando su culo con dedos, lamí su coño desde atrás, lengua profunda. Ella gritaba, ‘¡Voy a mear!’. ‘¡Corre, salpícame!’. Salió chorro caliente en mi cara, yo no paré, la monté como perra, frotando mi coño peludo contra su espalda. ‘Ahora tú me lames’. La puse de rodillas, abrí mis labios carnosos. ‘Chupa mi clítoris, mete lengua hasta el fondo’. Ella obedecía torpe, pero hambrienta, mordisqueando mis labios. ‘¡Más fuerte, puta!’. La corrí en su boca, temblando, control total. Cambié posición, 69 salvaje, comiéndonos mutuo, mis tetas aplastadas en su vientre, dedos en su culo mientras ella lamía mi raja empapada.

La tensión que me encendió

Al final, exhaustas, ella jadeando bajo mí, yo encima, coño goteando en su muslo. ‘Lo hice todo como querías’, susurró Vanna, rendida. Sonreí, besándola posesiva. ‘Sí, y volverás a suplicar’. Sentí el poder, esa adrenalina de conquista, verla sucumbir a mis deseos. Mi coño palpitaba satisfecho, su cuerpo marcado por mis uñas. Tenía exactamente lo que quería: su sumisión total, su placer mío. En esa isla, yo era la reina, y ella mi puta devota. Mañana, más.

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