Tomé el Control en el Jacuzzi: Mi Conquista Brutal y Ardiente

Estábamos en ese fin de semana loco en Charente, con el sol quemando la piel y los cuerpos exhaustos en los transats. Anna y yo nos quedamos dormidas, con esos plugs rosados todavía metidos en el culo, sintiendo esa presión deliciosa cada vez que me movía. Despertamos con su móvil sonando. Era Chouchou. Anna se levantó, y vi el brillo del plug entre sus nalgas. Sonreí, contraí mi ano… joder, qué sensación nueva, tan invasiva, tan mía.

Nos preparamos para salir, pero en el baño, después de sacarme el plug –uf, costó más que meterlo–, la miré maquillándose. Yo me puse un fard morado intenso, labios nude. Ella se acercó por detrás, me besó el cuello, me pellizcó los pezones. Sentí mi clítoris hincharse, saliendo como una polla pequeña. ‘¿Le chupaste bien a Thomas?’, le pregunté, jadeando. Me contó todo: su verga curva, el glande gordo, el semen espeso, iodado. Me apretó el clítoris y me corrí ahí mismo, piernas temblando. ‘Tú también sabes a sexo’, dijo lamiendo mis jugos.

La Decisión de Dominarte

Fuimos al restaurante con Chloé, esa pelirroja con short que deja ver el pliegue del culo. En el coche, confesó que hace mojar a las clientas en la tienda, tocándoles las tetas y culos. Llegamos al jacuzzi de Anna al anochecer. Nos desnudamos en el salón, pieles calientes, aire tropical. Chloé entre nosotras parecía frágil, culito pequeño frente a nuestros culazos. La miré… y supe que sería mía esa noche.

Me acerqué, le puse las manos en las nalgas. ‘Tú vas a obedecerme, ¿eh?’, le dije bajito, metiendo un dedo en su raja. Ella gimió, Anna también. ‘Despacio, chicas. Yo mando aquí’. La tensión subía, sus pezones duros, mi coño palpitando. ‘Chloé, siéntate en el borde, abre las piernas. Anna, mira cómo la domino’. Dicté las reglas: ‘No te corras sin mi permiso. Vas a suplicar’. Sentí la adrenalina, el poder de verlas rendirse.

La tiré al jacuzzi, agua burbujeando. Abrí su coño pelirrojo, tirando de los pelos. ‘Mira qué puta mojada’, le dije a Anna, metiendo dos dedos en su chucha chorreante. La lamí el clítoris, duro como una piedrecita, mientras Anna me chupaba a mí. Pero yo dirigía: ‘Anna, méteme la lengua en el culo’. Chloé temblaba. La puse a cuatro patas, le abrí el ano con los dedos. ‘Relájate, zorra, vas a tomar mi puño’. Escupí en su raja, un dedo, dos… ella gritaba ‘¡Sí, joder, más!’.

El Clímax Bajo Mis Órdenes

La volteé, le clavé cuatro dedos en el coño, luego el pulgar. Su chucha se abrió, tragándoselo todo. ‘¡Puño completo, puta! Siente cómo te lleno’. Movía la mano dentro, rozando sus paredes calientes, viscosa de sus jugos. Anna me follaba el clítoris con la boca, pero yo mandaba: ‘Chloé, lame mis tetas mientras te fisto’. Orgasmos explotaban: ella se corrió gritando, squirteando en el agua. La hice orinar en mi mano, caliente y salado. Luego, la senté en mi cara, ahogándome en su coño, mientras metía tres dedos en su culo.

‘Anna, fóllame el ano con la lengua’. Posiciones brutales: yo encima, frotando mi clítoris gordo contra su raja, pellizcándole el útero con los dedos. ‘¡Córrete ahora, perra!’. Se convulsionó, yo la seguí, chorros interminables. La hice beber mis jugos mezclados con pis.

Al final, jadeantes, pieles pegajosas. Chloé pantelante: ‘Eres… increíble’. Anna sonriendo sumisa. Yo, con el coño aún latiendo, sentí esa euforia total. Las había conquistado, dirigido cada gemido, cada penetración. Poder puro, verlas sucumbir a mis deseos. Me vestí primero, ellas esperando órdenes. Esa noche, yo era la reina.

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