Vale, empecemos por el principio. Hacía semanas que intercambiábamos mails con este tipo, un escritor de relatos calientes. Yo le criticaba sin piedad sus escenas de sexo, demasiado pesadas, grasientas. Él se defendía, mordía. Pero joder, había chispa. Vivíamos en París, los dos. Yo, 31 años, archivera en un sótano polvoriento, gafas, pelo largo castaño… y un cuerpo que no esperaba que viera. Alusiones a expos, a un ex cabrón que me dejó hecha mierda. Él me pinchaba con clichés: flaca con falda de franela. Mentira. ‘Ya verás si nos vemos’, le solté. Y boom, percha tendida.
Quedamos en un bar pijo, luces suaves, gente guapa. Llego, veo sus zapatillas azules ridículas. Levanto la vista: no está mal. Yo con falda ceñida, escote sutil, gafas sexys. Brindamos, discutimos otra vez mis críticas. Martini para él, daiquiri para mí. Se suelta: ‘Eres muy guapa’. Sonrío. ‘Tú no estás mal’. Pero siento la tensión. Él pregunta por qué leo porno si soy guapa. Me enciendo. ‘¿Qué coño? ¿Las chicas no podemos disfrutar de una buena follada en palabras?’. Le suelto todo: el ex, mi rabia, que leo para desquitarme. Se ríe, yo también. Armisticio.
La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío
Decidimos ir a su piso. Camino descalza, zapatos nuevos me matan los pies. ‘Me alegro de haber venido, aunque hagas preguntas de machote’. Charla de sus tríos, fantasías. En su baño, me siento en la bañera, lavo pies sucios de París. Él entra, me quita el jabón. Sus manos en mis pies… masajea dedos, plantas. Levanto la vista, ojos cerrados, placer. Acerca mi pie derecho a su boca. Lengua entre orteils, mordisquea. Joder, vibro. Pero yo decido. Lo empujo al fondo, me pongo de pie. Sonrío, gafas puestas. Desabrocho falda, cae. Culotte y blusa blanca. Cojo la alcachofa, abro agua fría. ¡Zas! Lo empapo. Ríe, pelea. Mordida en mano. Agua por todos lados. Acabo encima suya, él vestido, yo pegada. Agua caliente ahora, beso nuca, oreja. ‘Perdón, es el frío’, dice. ‘¿Qué?’. ‘Me estoy meando’. Río. Momento: yo controlo.
El Placer Brutal Bajo Mis Órdenes
Pizza rápida, hambre saciada. Lo empujo al sofá. ‘Quítate todo’. Desnuda, polla tiesa. Yo sigo con gafas. ‘Con gafas, ¿eh?’. Bajo, lengua en glande, chupo lento. Saliva gotea, bolas en mano. Gime. ‘Para’. No. Acelero, garganta profunda, aspiro. Él tiembla. Me levanto, quito culotte. Coño húmedo, listo. ‘Arrodíllate’. Lamida en clítoris, dedos dentro. ‘Ahí, más’. Ronroneo. Lo monto, polla entra de golpe. Cabalgo fuerte, tetas rebotan. ‘Mira mis ojos’. Control total, ritmo mío. Cambio: de espaldas, culo arriba. ‘Fóllame así, pero despacio’. Empujo contra él, clavo uñas. ‘Más hondo, joder’. Giro, piernas en hombros. ‘No pares’. Grito orgasmo, aprieto polla. Él suplica. ‘Córrete dentro’. Explota, semen caliente.
Más tarde, él sobre mi espalda sudorosa. Mano en nuca, muslo roza coño húmedo aún. ‘Me siento jodidamente bien’. Pregunta si escribiré. ‘Mejor que tú, seguro’. Duermo abrazada. Poder puro: lo seduje, lo hice mío, dicté cada gemido. Adrenalina de conquista, él sucumbió. Exacto lo que quería. Mañana, quizás más. Pero esta noche, reina absoluta.