Trabajo en la panadería desde hace años, sudando con la masa, el horno caliente. Esa noche, saliendo, la vi: Marta, la asistente social. Ojos verdes, cara triste, no joven. Me miró fijo. ‘¿Tenemos cinco minutos?’, dijo. Yo, cansada de que me controlen, pensé: esta noche, yo mando.
La seguí a su casa, colgada en la colina. Mesa puesta, velas, olor a cera. Hablamos poco. Ella se acercó, besito en la oreja. Su piel suave, un poco floja. Yo, quieta al principio, pero dentro ardía. ‘¿Quieres verme?’, le dije, voz baja. Ella asintió, nerviosa. ‘Sí, pero…’. La corté: ‘Hoy yo decido. Tú te dejas llevar. ¿Entiendes?’. Sus ojos se abrieron. ‘Vale…’. La tensión subía, mi coño ya húmedo. La miré de arriba abajo, su cuerpo normal, tetas caídas, barriga redonda. Perfecto para dominar.
La Tensión que Me Hizo Decidir
La llevé a la cama. ‘Quítate todo’, ordené. Se desnudó despacio, culotte de algodón, pelos en la concha. Yo igual, pero despacio, para que me viera fuerte. ‘Acuéstate, abre las piernas’. Dudó un segundo. ‘Hazlo’. Obedeció. Me subí encima, besos duros en la boca, lengua dentro, mordiendo labios. Sus tetas en mis manos, pellizcando pezones duros. ‘Gime para mí’, le susurré. Empezó a jadear.
Bajé a su cuello, lamí sudor. Chupé tetas, mordí fuerte, ella arqueó espalda. ‘Más’, pedí. Llegué a su concha, mojada ya, olor a mujer de verdad, no depilada. ‘Mira cómo te has puesto por mí’. Separé labios con dedos, clítoris hinchado. Lamí plano, como helado, luego punta dura. ‘¡Ay, Dios!’, gritó. Metí lengua adentro, chupando jugos salados. Le subí piernas, lamí ano, apretado. Se retorcía. ‘No pares… por favor’. ‘Cállate y siente’.
El Acto Brutal Bajo Mi Dominio
La puse de rodillas, cara en almohada. ‘Ahora te follo yo’. Dos dedos en su coño, bombeando rápido, pulgar en clítoris. Otro dedo en culo, despacio. ‘¡Joder, qué puta eres!’, le dije. Ella gemía fuerte, caderas moviéndose solas. ‘Voy a correrme…’. ‘No hasta que yo diga’. Paré, la giré, me senté en su cara. ‘Lámeme ahora’. Su lengua torpe al principio, pero aprendió. Mi coño goteando en su boca, froté fuerte. ‘Bien, así, chúpame el clítoris’.
La hice arrodillarse, dedos tres en su chocho, follándola duro. Sudor por todos lados, olor a sexo crudo. ‘Córrete para mí, puta’. Explotó, chillando, jugos chorreando por mis manos, cuerpo temblando, ano pulsando. La dejé caer, exhausta.
Después, la abracé, mi cuerpo sobre el suyo. ‘Has sido mía toda la noche’. Ella, jadeando: ‘Nunca… así…’. Sonreí, poder puro en venas. Mi coño satisfecho, control total. La vi rendida, ojos vidriosos. ‘Volverás cuando yo quiera’. Asintió. Me vestí, besito en frente. Salí, adrenalina alta, sabiendo que la había conquistado. Poder de mujer fuerte, eso es lo que me pone. Ahora, ella me escribe, suplicando más. Yo decido cuándo.