Uf, acababan los exámenes y yo estaba que explotaba. Dos meses sin un polvo de verdad, solo masturbándome como loca entre apuntes y carreras matutinas. Mi coño palpitaba, sensible como nunca. Me miré al espejo: alta, delgada, pelo más rubio por el sol, un cañón total. Tenía que cazar.
En el bar de la fiesta post-examen, lo vi. Pelo largo y rubio, delgado pero puro músculo, ojos verdes que me taladraban. Una crevette nerviosa, como un neandertal sexy. Me acerqué, cerveza en mano. ‘Ey, guapo, ¿vienes solo o te hago compañía?’, le solté directa, rozándole el brazo. Él sonrió, tartamudeó un poco. ‘Yo… sí, solo’. Perfecto, presa lista.
La Conquista Implacable
La tensión subía. Charla banal, pero yo dirigía: roces ‘accidentales’, mi mano en su muslo. ‘¿Sabes qué? Vamos a mi casa. Ahora. Y harás lo que yo diga’. Sus ojos se abrieron, pero asintió, excitado. Adrenalina pura, yo mandaba. En el taxi, le metí lengua profunda, mordí su labio. ‘Prepárate, porque esta noche te follo yo a ti’.
Llegamos. Puerta cerrada, lo empujé contra la pared. ‘Quítate la camisa’. Obedeció, temblando. Poiludo, sí, pero me importaba una mierda. Le arranqué el pantalón, palpé esa polla dura como piedra bajo el slip cutre. ‘Buena verga, pero es mía ahora’. Lo besé salvaje, barba raspándome la piel, pero me ponía más cachonda.
Lo tiré en la cama. ‘Arrodíllate y chúpame el coño’. Me quité las bragas, empapadas. Él se lanzó, lengua torpe al principio. ‘Más despacio, joder, lame el clítoris así…’. Lo guié, agarrándole el pelo. Gemí fuerte, jugos chorreando por su barbilla. ‘Buen chico’. Luego, capote on, pero yo controlaba: ‘No te muevas’. Me subí encima, empalándome lenta en esa polla gruesa. Uf, llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso.
Placer Brutal Bajo Mi Mandato
Cavalgaba dura, tetas botando. ‘¡Fóllame fuerte, pero sigo yo al mando!’. Él jadeaba, manos en mis caderas, pero yo marcaba ritmo: rápido, lento, girando. Sudor mezclado, olor a sexo crudo, su vello rozándome el clítoris. ‘¡Más, cabrón, dame todo!’. Cambié a perrito, pero yo empujaba contra él. ‘Métemela profunda, ¡ahí!’. Polla palpitando, bolas contra mi culo, choques húmedos. Le azoté las nalgas: ‘No corras, espera mi orden’.
Lo puse boca arriba de nuevo. ‘Chúpame las tetas mientras te monto’. Mordisqueé su cuello, uñas en su pecho peludo. Aceleré, coño apretando su verga como un puño. Él gruñía: ‘Me vengo…’. ‘¡No! Aguanta’. Frené, lo torturé al borde. Luego, salvaje: rebotes feroces, clítoris frotando. Orgasmos míos primero, olas brutales, gritando ‘¡Sí, joder, sí!’.
Por fin: ‘Ahora, córrete dentro’. Él explotó, leche caliente llenando el capote, cuerpo convulsionando. Yo seguí moviéndome, exprimiéndolo hasta la última gota. Me aparté, jadeante, poderosa. Él, hecho un trapo, murmuró: ‘Eres increíble’. Sonreí: ‘Lo sé. Ahora lárgate, misión cumplida’.
Puerta cerrada, yo en la cama, coño satisfecho palpitando. Tomé lo que quería, lo hice mío, lo dominé total. Esa adrenalina de conquista, ver cómo sucumbía… adictivo. Mañana, otra presa. Soy yo la que manda en la cama.