Cómo Tomé el Control de un Tío Casado en una Orgía y lo Hice Gemir

Estaba en ese club libertino de Barcelona, el aire cargado de sudor y gemidos. Yo, Carmen, con mi vestido rojo ajustado que apenas tapaba mis tetas firmes y mi culo redondo. Vi a Javier, un moreno alto, casado con Lola, esa flaca con tetas pequeñas. Él acababa de follarse a una rubia delante de todos, y Lola lo miraba con celos. Pero yo… yo lo quise para mí. Sentí esa adrenalina, el calor subiendo por mi coño. ‘Este tío es mío esta noche’, pensé. Me acerqué bailando, rozando mi cadera contra su polla semi-dura por encima del pantalón. Él me miró, sorprendido. ‘¿Qué haces?’, murmuró. Sonreí, pegué mi boca a su oreja: ‘Cállate. Tú vas a follarme como yo diga. Olvídate de tu mujer’. Lola nos vio, frunció el ceño, pero yo ya tenía su mano en mi teta, apretando. La tensión crecía, su polla se ponía dura contra mi muslo. ‘Sí… pero Lola…’, balbuceó. Le mordí el labio: ‘Ni Lola ni pollas. Desnúdate ahora, o te dejo con las ganas’. Él obedeció, tirando la ropa. Todos miraban. Yo dictaba las reglas: ‘Primero, me comes el coño hasta que me corra en tu cara’.

Lo empujé al sofá, abrí las piernas sobre su pecho. Su lengua entró en mi coño húmedo, chupando mi clítoris hinchado. ‘Más fuerte, joder… así, lame mi jugo’. Gemí bajito, agarrando su pelo, moviendo mis caderas contra su boca. Olía a sexo, a mi excitación salada. Luego, me puse de rodillas: ‘Ahora chúpame la polla, no, yo te la chupo a ti. Pero quieto’. Su polla gruesa, venosa, palpitaba. La tragué hasta la garganta, sintiendo su sabor amargo, mis labios estirados. ‘Mmm… qué rica polla tienes’, dije escupiendo saliva. Lo monté de golpe, mi coño tragándosela entera. ‘¡Fóllame duro! No, espera… yo marco el ritmo’. Subía y bajaba, mis tetas botando, clavándole las uñas en el pecho. Sudor goteando entre nosotros. ‘Ahora el culo, Javier. Lubrícalo con mi coño’. Me puse a cuatro patas, él escupió en mi ano apretado. Empujó despacio… ‘¡Más adentro, cabrón! Fóllame el culo como a una puta’. Entró hasta los huevos, el dolor dulce convirtiéndose en placer. Lo azoté: ‘Más rápido, hazme gritar’. Sus embestidas brutales, mi culo abriéndose, chapoteando. Lola se acercó, tocándose, pero yo la ignoré. ‘Mira cómo lo tengo, tu maridito es mi juguete’. Él gruñía: ‘¡Carmen, me vas a hacer correr!’. ‘No corras aún. Gírate, te monto al revés’. Lo cabalgué anal, mi coño frotando su pelvis, hasta que exploté: ‘¡Me corro… joder, sí!’. Mi ano lo apretó, ordeñándolo.

La Decisión de Conquistarlo

Él se corrió dentro, chorros calientes llenándome el culo, gimiendo como un perrito. Se derrumbó, jadeando. Yo me levanté, semen chorreando por mis muslos, sonriendo. ‘Buen chico. Me has dado justo lo que quería’. Lola lo miró, vencida. Javier me besó la mano: ‘Eres increíble…’. Sentí ese poder, esa rush de haberlo conquistado, dominado. Mi coño aún palpitaba, satisfecha. Salí pavoneándome, sabiendo que volvería por más. Esa noche fui la reina, y él, mi esclavo voluntario. Poder puro, placer total.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top