Las vacaciones se acababan. Mañana volvíamos a la ciudad. Los niños ya dormían. Miré a Florencia, mi amiga, con una sonrisa pícara. ‘Venga, chica, esta noche les damos el adiós perfecto. Nos ponemos desnudas en el salón y los esperamos. Seremos nosotras las que mandamos’. Ella dudó un segundo, mordiéndose el labio. ‘¿Estás segura, Odette?’. ‘Completamente. Yo decido todo’. Nos quitamos la ropa despacio, sintiendo el aire fresco en la piel. Pezones duros ya. Nos sentamos en el sofá, piernas cruzadas, expectantes.
Julien fue el primero en aparecer. Sus ojos se abrieron como platos al vernos. Dio media vuelta rápido, volvió desnudo, polla medio tiesa balanceándose. Se acercó, besó a Florencia primero, pero yo lo atraje. ‘No, Julián. Esta noche yo mando. Ven aquí’. Lo besé fuerte, apretando su culo firme contra mí. Sentí su polla endurecerse contra mi vientre. Jean llegó después, riendo. ‘¡Vaya cuadro!’. ‘Cállate y desnúdate, amor. Pero obedece’. Él sonrió, se quitó todo. La tensión subía. Mi corazón latía fuerte, la adrenalina me ponía la piel de gallina. ‘Escuchad bien. Yo digo quién folla a quién. Julián, tú conmigo primero. Florencia, calienta a Jean. Pero yo marco el ritmo’.
La Decisión que Enciende la Noche
Lo empujé al sofá. Me subí a horcajadas sobre Julián, rozando mi coño húmedo contra su polla dura. ‘Mírame a los ojos. No te muevas hasta que yo diga’. Bajé despacio, sintiendo el glande abrirme. ‘Ah… sí, así’. Empalé mi coño en su verga entera, hasta el fondo. Gemí bajito, apretando. Empecé a moverme, cabalgándolo fuerte, tetas botando. ‘Fóllame como yo quiero, cabrón. Más profundo’. Él jadeaba, manos en mis caderas, pero yo controlaba. Giré, le di la espalda, apoyé manos en sus rodillas. ‘Ahora mi culo. Lame primero’. Metió la lengua, chupando mi ano, mientras yo me tocaba el clítoris. ‘Bien… ahora métemela’. Empujó su polla en mi coño desde atrás, yo dictaba: ‘Despacio… ¡más rápido!’. Florencia gemía cerca, Jean la penetraba, pero yo los vigilaba. ‘Jean, fóllale el culo a Florencia. Yo quiero ver’. Cambié a cuatro patas, Julián me taladraba el coño, bolas golpeando mi clítoris. Sudor, olor a sexo. ‘Córrete dentro, pero solo cuando yo diga’. Explotó, llenándome de leche caliente. Yo grité, orgasmo brutal, coño contrayéndose.
Después, exhaustos. Me recosté, piernas abiertas, semen goteando. Miré a todos, sonriendo. ‘Perfecto. Justo lo que quería’. Julián jadeaba a mi lado, rendido. Jean y Florencia se besaban, pero yo era la reina. En el coche de vuelta, Jean conducía tenso. ‘¿Qué te pasa?’. ‘Nada…’. Yo sabía: había sido mía esa noche. Recordaba cada embestida, mi poder. Temblaba aún de placer. No más riesgos con niños cerca, pero esa conquista… inolvidable. Me sentía invencible, coño satisfecho, dueña de sus deseos. Esperaría las próximas vacaciones, pero ahora, yo mandaba en mis recuerdos.