Acabo de llegar del aeropuerto, valijas listas, pero mi cabeza sigue en ese parque acuático. Dios, qué rush. Me llamo Eva, 25 años, piel blanca con pecas, pelo rojo largo y ojos verdes que hipnotizan. Siempre he sido la que manda en la cama, me encanta esa adrenalina de verlos rendirse. Esta vez fue épico, como si lo hubiera planeado toda la vida.
Estábamos de vacaciones en Sicilia, hace dos semanas. Yo con mi novio, ese rubio alto que parece tímido pero se pone duro con una mirada mía. Era invierno, noche cerrada, el agua tibia a 30 grados en la ‘río salvaje’. Poca gente, luces tenues bajo el agua. Veo a una pareja besándose como locos detrás de una cascada pequeña. Lenguas enredadas, manos por todas partes. Mi chico quiere irse, me jala la mano. ‘Venga, vamos’, dice nervioso. Pero yo… no. Sonrío, lo paro en seco. ‘Quédate’, le susurro al oído, mi voz ronca de excitación. Siento su polla ya medio tiesa contra mi culo. Lo empujo contra la baranda, me pego a él de espaldas. Froto mi culo contra su paquete, lento, presionando. ‘Mira cómo lo hacen ellos’, le digo, señalando. La chica tiene las piernas alrededor de su tíos, maillot bajado, follando clarito bajo el agua. Gime bajito: ‘¡Sí, métemela más!’.
La tensión que me encendió y mi decisión de dominar
El corazón me late fuerte, coño ya húmedo. Decido: esta noche él es mío, yo pongo las reglas. ‘Quítate el bañador’, le ordeno, girándome un segundo para mirarlo fijo a los ojos. Dudó, mira alrededor. ‘Eva, joder, hay gente…’. Le agarro la polla por encima del tejido, aprieto. ‘Cállate y hazlo. Ahora’. Se la baja temblando, sale dura como piedra, venosa, cabezota hinchada. Yo me bajo el mío en un tirón, quedo desnuda abajo. ‘Métemela ya, en perrito. Pero yo mando el ritmo’. Me apoyo en la baranda, arqueo la espalda, abro piernas. Siento el agua caliente lamiéndome las nalgas. Él se pega, roza mi raja con la punta. ‘¡Empuja, coño!’, gruño. Entra de golpe, me llena el coño hasta el fondo. Grito suave, placer puro. La pareja nos mira, sonríen cachondos. Eso lo pone más nervioso, pero yo no paro.
El polvo brutal donde yo mandaba en cada posición
Empiezo a moverme yo, hacia atrás, clavándomela profunda. ‘Así, más fuerte. No pares’. Le agarro la mano, la pongo en mi clítoris. ‘Frótamelo mientras follas’. Jadea: ‘Eva… me vengo…’. ‘¡No! Aguanta, joder. Quiero correrme primero’. Cambio ritmo, salgo y entro yo controlando, su polla resbaladiza de mis jugos y el agua. Me corro fuerte, coño contrayéndose alrededor de su verga, olas de placer me sacuden. ‘¡Ahora sí, córrete dentro!’. Él explota, chorros calientes llenándome, gimiendo mi nombre. Sacude las caderas descontrolado.
Salimos del agua temblando, él mirándome como un perrito. ‘Eres una diosa’, balbucea. Yo sonrío, poderosa. Tenía exactamente lo que quería: su sumisión total, mi orgasmo primero, su semen en mi coño. Esa noche en el hotel lo monté otra vez, pero ahí ya sabía quién mandaba. Poder puro, chicas. Si dudáis, tomad el control. Os cambiará la vida.