Vale, cariño, ¿puedo llamarte así? Me encanta contar esto fresco, como si acabara de pasar. Llevaba semanas en ese sitio de encuentros swingers. Vi su anuncio: un tío buscando a alguien para follarse a su mujer delante de él. Suave, sensual. Les escribí, propuse mi candidatura. Nada. Seis meses después, ¡zas!, me invitan. Sin fotos, misterio total.
Quedamos cerca de su casa. Nueve de la noche. Pablo viene a buscarme en coche. Moreno, metro ochenta, un poco rellenito, camisa abierta, pantalón claro. Aire de profesor distraído. Me lleva a su piso. Allí está ella, Marta. Treinta y nueve, rubia corta, metro sesenta y cinco, comercial en una inmobiliaria. Vestido sexy, ajustado. Nos toman café, charlamos. Corazón a mil. Primera vez con un matrimonio. Yo, treinta y seis entonces, morena, pelo largo peinado atrás, curvas que controlo con deporte… pero mi voz, joder, mi voz seduce.
La llegada y la tensión que enciende todo
Hablamos de sexo. ¿Hacéis esto mucho? ¿Qué buscáis? Miento un poco, digo que tengo experiencia. La tensión sube. Miro a Pablo. Sus ojos evasivos. Marta nerviosa, cruza piernas. Decido: esto va a ser mío. Me levanto, cojo la mano de Pablo. ‘Ven’, le digo. Él duda, ‘eh… ¿seguro?’. ‘Sí, quítate la camisa. Despacio’. Marta observa, mordiéndose labio. Él obedece. Yo dirijo. ‘Ahora, los pantalones’. Su polla ya medio dura bajo el bóxer. La tensión es eléctrica, aire cargado de sudor y deseo. Siento la adrenalina. Ellos son míos.
Lo empujo al sofá. Marta cerca, expectante. Le bajo el bóxer. Polla tiesa, gruesa, venosa. ‘Marta, mira cómo late por mí’. Ella asiente, ruborizada. Yo me arrodillo, la lamo desde las bolas hasta el glande. Salada, caliente. Él gime, ‘joder…’. ‘Silencio. Tú follas cuando yo diga’. Le meto en la boca profunda, chupando fuerte. Marta se acerca, yo la paro: ‘Tú espera. Tócate’. Ella se baja las bragas, dedos en su coño húmedo.
Lo llevo a la habitación. Cama grande. Condones en la mesita. Me desnudo lenta. Tetas firmes, coño depilado en triángulo. ‘Pablo, fóllame. Pero como yo mande’. Me tumbo, piernas abiertas. Él se pone condón, nervioso. Frota su polla en mi raja empapada. ‘Dentro, ya’. Empuja. Lleno, profundo. Gimo, ‘más fuerte, cabrón’. Mueve caderas, yo clavo uñas en su culo. Cambio: ‘A cuatro patas’. Me monto encima, cowgirl. Su polla entra hasta el fondo. Subo y bajo, tetas rebotando. Él jadea, ‘no aguanto…’. ‘Aguanta. Marta, lame sus huevos’. Ella obedece, lengua en sus bolas colgantes. Veo su polla entrar y salir de mi coño, chorreante. Olor a sexo puro, sudor mezclado con su perfume.
El clímax brutal y mi dominio absoluto
Lo giro, lo pongo a cuatro. Le meto dedo en el culo mientras me folla por detrás. ‘Sí, así, métela toda’. Marta chupa mis tetas, yo la beso, lengua invasora. Cambio otra vez: yo de lado, él detrás, dilatando mi coño. ‘Marta, siéntate en mi cara’. Ella cabalga mi lengua, clítoris hinchado, jugos dulces. Pablo folla duro, huevos golpeando. Grito, ‘¡más, joder!’. Él tiembla. ‘No corras aún’. Lo saco, lo hago mamar mi coño. Lengua dentro, chupando mi crema.
Lo monto de nuevo, reversa. Veo su ano contraerse. ‘Ahora, córrete’. Aprieto, ordeño su polla. Él explota, gruñendo, llenando el condón. Yo sigo moviéndome hasta correrme, coño contrayéndose, chorros calientes. Marta se corre en mi boca, gritando ‘¡sí, reina!’.
Repuestos. Ducha rápida. Aperitivo. Nos besamos al despedirnos. No los volví a ver, pero esa noche… joder, el poder. Los tuve a mis pies. Mi coño decidió todo. Esa rush de conquista, verlos rendirse… adictivo. Si tu mujer duda del libertinaje, dile: yo tomé el control y fue gloria pura. Poder femenino, sin límites.